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El mítico juego de lucha que ha marcado varias generaciones, celebra su cumpleaños

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Parece mentira, pero ya han pasado 33 años (toda una vida) desde que hicimos nuestro primer Ha-Do-Ken en la máquina recreativa del bar de la esquina. 33 años dando palos (digitales) y cogiéndoles cariño a unos personajes que ya son parte de nuestras vidas y nuestra cultura popular.

Y es que si en algo se ha convertido Street Fighter es precisamente en un legado, en una institución dentro del mundillo de los videojuegos, difícil de superar y con una historia a sus espaldas que no ha hecho más que acrecentarse con el paso de los años y las décadas y no deja de reinventarse una y otra vez para seguir atrayendo adeptos a sus filas. Resulta difícil entender la evolución de los videojuegos de lucha (y yo diría que de los videojuegos en general por extensión) sin tener en mente a Street Fighter y sus múltiples encarnaciones.

Hoy recordamos sus mejores juegos y trataremos de establecer las claves que han convertido a esta saga en mítica, y de igual modo intentaremos entender qué hace que aún hoy, 33 años después de jugar con Ryu por primera vez, sigamos disfrutando como lo hacemos lanzando bolas de energía y haciendo el puñetazo del dragón una, y otra, y otra vez. Sin descanso. Con disfrute. Con energía. Como solamente se jugaba antes, en otros tiempos ya cada vez más lejanos.

El inicio de una saga

Iniciamos la saga con el Street Fighter original (1987), una arriesgada apuesta de Capcom, que jamás llegaron a pensar que acabaría convirtiéndose en el referente de los juegos de lucha (ya sean 2D o 3D).

Ni mucho menos teniendo en cuenta el (relativo) y modesto éxito que supuso la primera aparición de Ryu y Ken, éste último aún sin nombre ni entidad propia, era simplemente el personaje que controlaba el jugador 2 al enfrentarse uno contra otro cara a cara con Ryu.

Y es que, lejos de lo que mucha gente podría pensar, el resultado comercial del primer mueble arcade de Street Fighter se quedó bastante lejos de lo que cabría esperar de una franquicia hoy en día tan intocable y respetada. Tampoco fue un fracaso, pero desde luego nada del otro mundo ni mucho menos como para plantearse una segunda parte.

El verdadero éxito comienza

Es por esto que, sorprendiendo a propios y ajenos, en 1991 (se tomaron su tiempo y esta vez hicieron bien las tareas) vio la luz Street Fighter II, de lejos la mejor entrega de la serie y a la vez la más recordada. Un juego tan mítico, tan genial, único y enorme, que hicieron falta hasta cinco revisiones y pseudo secuelas hasta que en Capcom se atrevieron a proseguir con la numeración de las entregas de la saga con Street Fighter III.

Es en esta segunda parte sin embargo donde el gigante de Capcom sentó definitivamente las bases de lo que vendría posteriormente y con lo que logró hacerse su hueco en el Olimpo de las Leyendas del videojuego.

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Calculado al milímetro

Y es que todo estaba perfectamente calculado y era perfecto en Street Fighter II: hasta 8 personajes seleccionables con su propia historia de fondo, sus motivaciones, sus odios y rencillas, sus habilidades bien diferenciadas y un carisma enorme que no se ha vuelto a repetir en ninguno de los restantes personajes que con el paso de los años han ido engrosando las filas de secundarios y protagonistas de la saga.

Solamente superado por su versión Turbo en la que los cuatro jefes finales se unían a la fiesta como personajes jugables, Street Fighter II es toda una Biblia o un decálogo de cómo deben hacerse los juegos de lucha.

En alguna ocasión he dicho que jugar a Street Fighter II es algo semejante a las Matemáticas, y aquí y ahora quiero aprovechar para volver a explicarlo y reivindicar mi idea: no se trata solo de dar golpes, todo está equilibrado y estructurado de forma que la jugabilidad resulta sencillamente perfecta.

Cada salto, cada llave, cada golpe en el momento oportuno, hace que la sensación que experimenta el jugador al ponerse a los mandos de este juego provoque un estado de felicidad extrañamente descriptible y aún más entendible. Simplemente sucede.

Todo es perfecto, todo encaja y todo fluye por sí mismo. Solamente un jugador experimentado en Street Fighter entenderá de qué estoy hablando ahora mismo.

Mil versiones cada una con sus virtudes

Como decíamos, tras las veinticinco mil versiones y variantes de Street Fighter II (algunas de ellas absolutamente delirantes), vendría en 1997 la tercera entrega, Street Fighter III, que como suele suceder en estos casos y como era de prever, no alcanzó ni remotamente las cotas de éxito de su predecesor.

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Hicieron falta dos revisiones más para que una secuela algo floja como es Street Fighter encontrara su forma definitiva y más competitiva en Street Fighter III 3rd Strike (dicen que a la tercera va la vencida), con Chun Li como personaje principal junto a los eternos Ryu y Ken, imprescindibles en toda entrega de la saga, y un elenco de secundarios más raro que un perro verde, para ser francos. Y por ser políticamente correctos.

Sencillamente, algunos de estos personajes no pegan ni con cola con la imaginería y el diseño de los personajes originales de la entrega que definió las bases y sentó el estándar, Street Fighter II. Mitad experimento, mitad rareza con destellos de genialidad en ocasiones muy contadas (el sistema de parry o contraataques y bloqueos es de lo más notable de esta tercera iteración).

Lo cierto es que Street Fighter III sirvió de puerta a intentos posteriores como la saga en paralelo de Street Fighter Alpha, situada cronológicamente de manera supuesta antes de la saga principal, a tenor del aspecto más juvenil que lucen los personajes principales y por detalles del guión más o menos discutibles.

 Si bien experimentos paralelos como los cruces o crossovers de Marvel VS Capcom o Capcom VS SNK resultan divertidos y hasta cierto punto disfrutables, lo cierto es que de vuelta a la saga central nos encontramos con que Street Fighter II, más de 25 años después, sigue siendo la mejor entrega de la saga con diferencia.

Mejores gráficos en las posteriores generaciones

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Al margen quedarían los muy recomendables y técnicamente muy superiores Street Fighter IV (2008) y Street Fighter V (2016), superiores como decimos en cuanto a la tecnología sobre la que se apoyan, y es que sería injusto comparar entre sí las diferentes entregas y además no tendría demasiado sentido, no se puede comparar la potencia tecnológica en la que han sido programadas estas dos últimas entregas con las placas originales que dieron como resultado las tres primeras. Evidentemente lo mínimo que se le debe pedir a un juego de la era moderna es que la factura técnica sea brillante, si no, apaga y vámonos.

Sin embargo, el espíritu de la saga está presente de manera muy especial en las tres primeras entregas numeradas, y prueba de ello es que en la recopilación de juegos que ahora ve la luz para celebrar el 30 aniversario de Street Fighter solo se han incluido los tres primeros títulos (con sus respectivas ampliaciones y versiones) junto a las tres entregas de la saga Street Fighter Alpha, que siguen formando parte del legado más o menos canónico de la franquicia. Street Fighter IV y V se han quedado fuera de la recopilación, de momento, porque sospecho que no tardarán en sacar una ampliación y una caja especial de coleccionista con más discos y más juegos.

De todas formas, hay donde elegir. La sombra de Street Fighter es alargada. Para terminar, deciros que dentro de otros 17 años seguiremos aquí y estaremos celebrando el 50 aniversario de Street Fighter. No os quepa duda. La saga es inmortal. Ojalá lo fuéramos también nosotros…

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