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Si la jugabilidad se diluye, ¿Lo hace la experiencia que vivimos al jugarlo?

Los videojuegos nos gustan mucho, muchísimo. Seguramente que ese es uno de los motivos por el cual estás leyendo este humilde artículo en este gran portal. Cuántas horas habremos pasado con la maquinita matando marcianitos. Aunque, en verdad, este término va a tener que dejar de acuñarse puesto que no es del todo correcto. Jugabilidad vs experiencia, me explico.

El juego tradicional

Muchos de nosotros empezamos a peinar canas (los que se las pueden peinar, claro) Es un modo de hablar, que nadie se ofenda. Simplemente quiero apuntar a que nos hemos criado en un sector del videojuego ya casi arcaico, pero maravilloso. Me refiero al mundo arcade. Claro, hemos jugado mucho a las maquinitas con 25 pesetas. El inolvidable Street Fighter 2, Toki, Punisher, Cadillac and Dinosaurs… Podría nombrar muchos y a cada cual mejor.

Estábamos acostumbrados a medir los juegos por fases, por niveles que iban aumentando su dificultad. Jugabilidad que se ha mantenido a día de hoy pero no tan fresca como antaño. Creo que empiezo a hablar como el abuelo Cebolleta, pero todo esto tiene un motivo, me explico.

Los videojuegos cambian, la jugabilidad cambia, eso es innegable. Pero siempre se ha mantenido una constante interacción del jugador respecto al juego. Es decir, el jugador interactúa, juega, realiza diversas acciones para superar los niveles y continúa jugando. Sin parar, de una manera constante y lineal. Echar una partida de toda la vida. Pero claro, esta experiencia comienza a diluirse en los últimos años, de una manera casi inevitable salvo honrosas excepciones. Recordemos, jugabilidad vs experiencia.

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El juego como experiencia

Metal Gear Solid de PSX. Ese fue el primer gran juego que pude disfrutar como experiencia cinematográfica, más que como juego clásico. Y es uno de mis preferidos, no quepa duda. Una gran historia, casi una película, con grandes momentos de jugabilidad seguidos por interminables conversaciones interesantes por códec y de videos creados por el propio motor del juego, incluyendo escenas reales. Una obra maestra sin duda.

Pero ahí ya se avecinaba el cambio. Estábamos jugando un rato, cerca de una hora, cuando de repente nuestra experiencia se veía interrumpida abruptamente por una conversación por códec o una secuencia de video. Y es hasta este punto donde quiero llegar.

Antes nos encantaba ver cgis de nuestros juegos favoritos. “¡Mira, mira! ¡Un video!” Decíamos con la boca abierta a nuestro hermano o amigo con el cual estábamos jugando cuando llegaba una escena de Final Fantasy VII (o su remake), por ejemplo. En esos videos era cuando el juego se tornaba lo más espectacular posible, con modelados, personajes y escenarios que rozaban casi la perfección, casi cercanos. Y estábamos encantados, por supuesto. Era como una recompensa a un arduo trabajo, un premio por haber estado jugando sin descanso, superando los diferentes retos que el juego nos presentaba.

El problema es cuando esto se lleva hasta el límite, un límite que puede colmar la experiencia del usuario, entre los cuales me incluyo. Como me ha pasado con el magistral The Last Of Us.

Menuda bomba acabo de soltar, lo sé. Y me lloverán críticas por ello, pero todo es opinable, y aquí yo presento la mía. Déjenme defenderme, puesto que no soy de los que tiran la piedra y esconden la mano. The Last Of Us (más la primera parte que la segunda, pero también la segunda) para mí es magnífico, singular, detallado. En resumen, en mi opinión, es una gran experiencia. Pero no gran juego, no, si no una gran experiencia. Jugabilidad vs experiencia. Y todo esto viene relacionado con todo lo que vengo hablando.

Tiene un guion sublime, una historia espectacular, unos gráficos de infarto, sin duda. Es que es una obra maestra, una gran experiencia, vuelvo a repetirlo. Si me baso en todo lo que vengo defendiendo justo en los párrafos anteriores me comprenderéis.

La mecánica de este juego es simple: juegas unos minutos, observas una secuencia de video que te desarrolla la historia, siempre rayando a un gran nivel. Juegas otros minutos y volvemos a repetir mecánica, otra vez una secuencia. Hacemos un par de coberturas, matando a unos cuantos chasqueadores y volvemos a ver otra secuencia.

Claro, esto antes nos encantaba, ver los videos que el juego nos tenía como premio. Pero hemos abandonado este sentido, este premio, por escenas metidas con calzador donde, tras una hora de juego, estás 30 minutos viendo secuencias con el motor del juego contándote una gran historia y otros 30 minutos de juego realizando coberturas por pasillos lineales.

Y ojo, que es una gran fórmula, pero quizás no una fórmula que guste al jugador más clásico, entre los que me incluyo. De nuevo, jugabilidad vs experiencia.

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Adaptarse al cambio

No estoy criticando nada, que se me entienda. Simplemente estoy exponiendo un cambio de paradigma en el sector videojueguil. Claro que hay excepciones muy válidas, como los clásicos Super Mario Bros, pero estamos abocados a que videojuego y cine se conviertan en una unidad. Y no tiene porqué ser malo, ni mucho menos. Pero quizás no contente a todo el público.

Me encanta encender mi Switch y decir eso de “voy a echar una partida” y que de verdad esté jugando. Que no me tenga que tragar interminables secuencias de video que lastren el poco tiempo que disponemos para jugar. Y ojo, que no quiero que toda mi opinión se centre en el The Last Of Us, puesto que esto también pasó, por ejemplo, como bien dije antes, con el Metal Gear Solid.

Los salones recreativos han ido desapareciendo paulatinamente con el paso del tiempo. La jugabilidad clásica está empezando a verse influenciada por las experiencias cinematográficas. Los juegos cada día son más espectaculares y tienen un público que aman esta tendencia. Y quizás sea yo el que deba adaptarse al cambio ¿Quizás? No, quizás no. Seguro que soy yo el que deba adaptarse al cambio.

Los videojuegos son un arte, un arte que está alcanzando unas cotas increíbles. Nos cuentan historias y nos hacen tener experiencias que ya les gustaría a muchas películas, sin lugar a dudas.

Al menos dejadme detener el inexorable paso del tiempo jugando a mi consola portátil que emula juegos clásicos, aunque, claro, ahora que lo pienso, esto es otro tema que abordar.

Si te gustan los videojuegos no dudes en pinchar aquí para encontrar más artículos.

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