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Juegos de un jugador vs Multijugador

Todo evoluciona, es imposible negarlo. Bueno, se puede ser negacionista, aunque también hay personas terraplanistas… Cada uno tiene su opinión, pero lo que es innegable es que los juegos de hoy en día han evolucionado a una vertiente multijugador que evade el modo de juego de un jugador clásico: las añoradas campañas, las sublimes historias, incluso las “arcaicas” puntuaciones a superar en cada partida. Puntuaciones que, por cierto, devolvían una eventual alegría transitoria cuando se superaban, y morían en el olvido cuando, por la noche, se desenchufaba la máquina. Pero estaban ahí. Estaban…

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El boom de lo multijugador

Soy más de juegos de un jugador, lo siento. Parece ser que, a día de hoy, hay que disculparse por esta afirmación. Todos los tiempos cambian, y el “echar una partida” ya no implica una socialización directa. Es más, ya no es necesario “echar una partida” con alguien que es tu amigo. Nos convertimos en personas solitarias para jugar a juegos que implican una fuerte interacción social a partir de un teclado, unos auriculares y unos micrófonos. Sin conocer a tus compañeros o rivales. Pero es el nuevo panorama multijugador.

Hemos cambiado el hecho de perdernos en una buena historia, adentrarnos solos con espada en mano y un número limitado de pociones (que siempre se antojan escasas, por cierto) a ir en equipo, pegando voces y depender de las acciones del resto. Y acabar siempre enfadados, por supuesto.

Han desaparecido las aventuras gráficas. Han caído en el olvido las grandes historias con ese excepcional peso narrativo por juegos donde importa más el matar más que tu oponente ¿Volvemos a las manidas puntuaciones? No, no exactamente. Puedes jugar solo contra otros, donde si pierdes, pierdes tú. Porque si juegas en equipo y pierdes… ¿Hace falta que diga la excusa que ponemos cuando perdemos en equipo?

Antes, que un juego tuviera modo multijugador a pantalla partida se consideraba prácticamente como una revolución. Ahora, es raro el juego que trae una buena historia para jugarlo en solitario. Los modos multijugador online han llegado para quedarse, por desgracia, para unos pocos jugadores tradicionales entre los que me incluyo.

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Pérdida de esencia

Y es que no veo dónde está la diversión cuando mi interacción en la partida se limita a sobrevivir más que el resto, o que mi participación se comprometa al buen hacer de mis compañeros de equipo, que seguramente no conozca. Cuando enciendo la consola, me gusta perderme, imaginarme el desarrollo de la historia, darme un paseo por ese mundo que tanto se han esmerado los desarrolladores en crear para el juego. Enfrascarme ese pequeño ratito donde soy yo el que decide qué hacer y qué no hacer, en qué momento y cómo hacerlo.

Todo lo que sale ahora es multijugador. Y es una pena, en detrimento de los que no comulgamos con esta esencia. Con todo lo que ello conlleva.

¿No voy a poder acompañar más veces a Guybrush para enfrentar a LeChuck? Porque eso es lo que parece. Se está apostando tanto por esta vertiente multijugador, que no se está cuidando el detalle de una buena historia. Una buena historia que prácticamente solo es posible con los juegos de un jugador. Casi que es anecdótico, y es una pena.
Disfruto perdiéndome con Sardinilla. Intentando no esbozar una sonrisa a cada nivel superado en cualquier juego de Mario Bros. Pensando cómo acabar la mazmorra del Templo del Agua del Ocarina. ¿Dónde ha quedado toda esta magia? Que no se pierda, por favor.

Cuántas veces ha venido a casa un amigo y hemos comentado lo de vamos a echar un Pro. Porque soy de Pro y su gran Liga Máster, por supuesto. Aunque, he de confesar, que no toco un simulador de fútbol desde que el árbitro Collina protagonizaba la portada del PES 3.
Porque me era suficiente con mi Liga Máster, mis eliminatorias, mis piques con amigos… Ahora todo se basa en microtransacciones para poder ganar a tus competidores online, pero claro, eso es otro cantar.

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Lo sé, soy un tradicional

Lo sencillo sería pensar que no comulgo con los nuevos tiempos y que el negacionista soy yo. Y puede ser cierto. Pero fíjate que locura: hablamos de videojuegos retro en una industria reciente y muy muy joven, pero ya hablamos de juegos antiguos. Porque todo pasa muy rápido. Demasiado. Como la única vez que he intentado probar el famoso PUBG y, nada más salir, me dispararon desde a saber dónde y acabó mi partida.

Quizás soy yo el raro, pero es que estoy seguro de que hay muchos lectores que piensan como yo. Los videojuegos me han enseñado mucho, muchísimo, y no quiero que esto se pierda. Hacen volar tu imaginación, te transportan a otro mundo, al mundo que quieren contarte, donde la sensación de agobio, desenfreno y aventura no tiene parangón, no es para nada comparable con el conseguir vencer a tu rival online. Al menos así lo pienso yo.

Por supuesto, hay grandes y honrosas excepciones que son capaces de tener lo mejor de estas dos realidades, pero cada vez cuesta más encontrarlas. Parece que estoy escribiendo como si, a día de hoy, hubiera más juegos multijugador que juegos para jugar en solitario, y no, no es así. Ni mucho menos. Pero sí que es cierto que los juegos competitivos online son los que más demanda de jugadores tienen y hay muchas compañías que, cada vez más y más, están cargando de más importancia su vertiente online, descuidando de esta manera a los jugadores clásicos.

Para mí, tener un ratito para dedicarle a los videojuegos es algo impagable. Encender la consola, llevar a cabo mi ritual, coger el mando y simplemente perderme por grandes llanuras, explorar nuevas zonas, intentar superar ese monstruo final que tanto se me atraganta. Es algo mágico, algo maravilloso. Es lo que da sentido a los videojuegos. Desde su más vertiente arcade hasta saborear la narrativa que nos quieren contar. Vivir un libro, participar en una película, son sinónimos que se me antojan cercanos a lo que puedo encontrar cuando empiezo un juego de un jugador.

Soy un clásico que disfruta de los clásicos. Un gamer que no es hardcore gamer porque no juega a estos juegos competitivos multijugador actuales. Pues qué queréis que os diga, dejadme con mis sistemas antiguos y tradicionales, con mis juegos de un jugador, que prefiero vivir en esa magia, que perderme en la competitividad que muchas veces consigue transformar ese ratito especial en un enfado. Por supuesto, ese enfado nunca será culpa tuya, será culpa de los demás. Faltaría más. Es que no saben jugar. Noobs…

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