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Los aprietos añadidos en los que nos ponían los videojuegos retro

Si seguimos echando de menos a los videojuegos retro y si seguimos hablando de ellos es porque, entre otras cosas,
los amamos en la misma medida que los odiamos por lo mucho que nos hicieron disfrutar pasándolas canutas con su
endiablada dificultad: es lo que se llama un placer culpable. Te gusta pero al mismo tiempo te hace sufrir, y
reconocerlo no es fácil. Hoy rescatamos del baúl de los recuerdos enterrados una serie de juegos retro que nos
hicieron sudar tinta, tanta como la que se ha usado para escribir las más memorables páginas de la historia de los
videojuegos hablando de ellos una y otra vez.
Con todos ustedes, veinte pesadillas que nos siguen fascinando… ¡Y por muchos motivos!

ARKANOID

El rompe ladrillos por excelencia es también el primero en romper el hielo en nuestra lista de hoy. Si algo le sobraba
Arkanoid por los cuatro costados, además de una incuestionable calidad, es su endiablada dificultad. Olvidad las
conversiones domésticas, si no habéis jugado al arcade original con su peculiar mando de control con forma circular,
no tenéis ni idea de qué es la dificultad. Jamás atrapar una pelota fue tan difícil ni tan placentero, y es que la diversión podía aún más que la sensación de derrota.

BATMAN

Todos los juegos de Jon Ritman eran duros, pero éste se lleva la palma. Por poner un solo ejemplo de zonas realmente difíciles de superar, os comentaré una que aún hoy en día me provoca pesadillas: en un alarde de valentía e
insensatez, debías dejarte caer al vacío por una pantalla para aterrizar de pie sobre una plataforma flotante móvil en
la pantalla de abajo… a ciegas y sin poder calcular de ninguna manera el salto, porque el movimiento de las
plataformas era aleatorio. Si eso no es dificultad, que baje Dios (que aterrice en la plataforma) y lo vea.


CRAZY TAXI

Tan difícil como ser más rápido que un cronómetro enloquecido, dicho sea de paso, como todo en este juego.
¿Conoces a alguien que se haya acabado este juego?…Pues eso. Es imposible. O casi. Al final te acabas dando por
tonto y vuelves a empezar intentando llegar a los puntos de destino a tiempo…otra vez. Aún sabiendo que no lo vas a
conseguir. Pero oye, mira que te lo pasas bien…

DOOM

El Doom original de PC no era difícil, era horriblemente difícil, que no es lo mismo. Agobiante sería más bien la palabra que más se ajusta a su definición. Monstruos y demonios por todas partes, que no dejan de reaparecer y regenerarse, y que además tienen pinta de ser bastante más duros y resistentes que tú. No es que lo parecieran, es que realmente lo eran. Y MUCHO… Tú sigue pegando tiros con tu pistolita mientras intentas encontrar la salida de esos endiablados laberintos tridimensionales, hijo…

FROGGER

La dificultad llevada a un nuevo nivel. ¿Recuerdas aquél viejo chiste de la gallina que cruza la carretera para llegar al
otro lado?…Pues esto es igual pero cambiando a la gallina por una rana. Solo que no lo vas a tener nada fácil, porque
no dejan de pasar coches, motos, camiones y hasta cocodrilos que harán lo imposible por aplastar o engullir a nuestra
sufrida rana. Avanzar o retroceder en el momento preciso era a veces cuestión de décimas de segundo. Literalmente.
Te va la vida en ello…

GHOSTS N GOBLINS

Antiguamente las máquinas recreativas estaban pensadas para sacarnos el dinero de forma descarada, no olvidemos
que era un negocio además de un arte. Ghosts n’ Goblins es un buen ejemplo de esto, un auténtico tragaperras que
devorará tu paga y tus monedas de forma inmisericorde
. Terminarlo era casi imposible, intentando por otra parte no
suicidarte cuando descubrías que para ver el verdadero final tenías que empezar otra vez desde el principio.

HEAD OVER HEELS

Otro igual que el Batman. A Jon Ritman le gustaba castigarnos, además de regalarnos grandes juegos. Buenos pero
difíciles, de eso no cabe duda. Otro juego con vista isométrica y dificultad a la altura de unos pocos escogidos. Si eras
un torpe y débil mortal nacido de mujer como yo, tenías algo más que problemas para avanzar en el juego. Admitirlo
es el primer paso: Head Over Heels no se lo terminó ni Jon Ritman, probablemente. Aún así era muy disfrutable y lleno
de carisma y simpatía. Es incapaz de resultar odioso ni aunque murieras mil veces.


IKARUGA

Hay juegos con un nivel de dificultad tan disparatadamente elevado que te hacen tirar al suelo el mando de la consola
o estrellar el joystick contra la pared mientras blasfemas y te ríes como si estuvieras loco. Ikaruga es de esos.
Controlas una nave doble que se transforma y es inmune a un tipo de impactos de un color determinado, pero como
contrapartida es vulnerable a los proyectiles de otro color. Es raro de explicar, difícil de jugar pero inexplicablemente
adictivo. Casi imposible de seguir jugando sin perder el juicio a partir de la tercera o cuarta fase.


KUNG FU MASTER

Parece simple pero va a ser que no. Han raptado a tu novia y te toca ir a un templo chino lleno de gentuza y
pandilleros a partirles el careto y rescatarla. La buena noticia es que eres un maestro de kung fu (de ahí el nombre), la
mala noticia es todo lo demás: tu barra de energía dura menos que un caramelo en la puerta de un colegio, los
enemigos son más rápidos que tú, salen por todas partes, no se cansan, los jefes son durísimos, no puedes continuar,
tienes tres vidas, si te matan vuelves a empezar casi desde el principio y la curva de dificultad es aplastante. La
primera fase es muy difícil, y de ahí hasta la quinta todo empeora. ¿Te siguen quedando ganas de rescatar a tu
novia?…Mejor búscate una nueva. En serio.


LIVINGSTONE SUPONGO

Dificultad “made in Spain” de la vieja escuela. Livingstone Supongo pegó muy fuerte en ordenadores de 8 bits, hoy en día su mecánica y su dificultad sería impensable. En una época en la que la salud se regenera automáticamente en los videojuegos, este tipo de juegos están fuera de onda, ya no tienen público. Y no es porque no gusten, es porque ya no quedan tipos duros capaces de superar esos saltos en pértiga, tirar ese bumerang con la precisión adecuada y
sobrevivir a un río lleno de pirañas, todo eso sin despeinarse y llegando a tiempo al punto de reunión con el Doctor Livingstone… Supongo.

MANIC MINER

Su nombre aparece como sinónimo de difícil en algunos diccionarios. Toda una leyenda de los videojuegos retro, tiene todo lo que debe tener un juego para ser redondo y mantenerte enganchado hasta superar todas sus fases, llevando hasta el extremo la técnica de ensayo-error y obligándote a memorizar cada salto, calculando cada movimiento a la perfección si no quieres perder una vida. Aquí los fallos se pagan caros, nunca aquella frase de “a vida o muerte” tuvo más sentido en un juego de plataformas.


MONSTER HUNTER

Un juego que está pensado para jugar por Internet formando una cuadrilla de cazadores de monstruos no da tregua ni
tiene piedad con el jugador individual
. Si te adentras en el mundo de Monster Hunter tú solito estás muerto. Así de
claro. Los monstruos a los que debes dar caza están pensados para ser enfrentados entre dos o más jugadores, pero si
juegas tú solo es prácticamente imposible que lo acabes. Las primeras misiones son más o menos asequibles, pero
llega un punto en el que es agónico progresar en solitario.

MY HERO

Hay gente que acabó en una celda acolchada y con camisa de fuerza intentando acabarse este juego. Craso error. Es
un exponente del irritante Infinite mode que tanto se llevaba hace ya muchos años. No tiene fin, las pantallas se
repiten y se suceden con ligeras variaciones pero con un nivel de dificultad que se va multiplicando exponencialmente
hasta llevarte a la locura, el suicidio o el aislamiento en una celda de seguridad donde no puedas morder a nadie. Lo tuve en Master System y creo que fue el culpable de que rompiera aquella consola. Yo antes era así, como el My
Hero
: tontorrón, difícil y destructivo.

NINJA GAIDEN

No apto para cardíacos. Si rebajabas el nivel de dificultad, lo que solía suceder tras morir sin remedio las veinte
primeras veces, el juego te castigaba riéndose de ti y obligándote a lucir un ridículo y humillante distintivo de color
rosa que te marcaba con la deshonra. Para superar algunos jefes debías hacerlo todo absolutamente perfecto y no
fallar ni un golpe ni errar un solo milímetro. Con diferencia uno de los juegos más duros de la historia, incluso sádico.
Hay una Black Edition que era incluso más enferma.

PAC-MAN

Tan difícil que es, literalmente, imposible acabarlo. Un fallo de programación te mata automáticamente en la fase 256, suponiendo que tengas agallas de llegar a ese nivel. Conozco gente que sigue intentando superar esa fase 256, pero ninguno de ellos está en libertad sin mordaza ni camisa de fuerza. El resto de las pantallas van desde lo difícil hasta lo sencillamente enfermizo. No entra en mi mente seguir más allá de las primeras 30 pantallas, imagina seguir hasta la última.

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RESIDENT EVIL

Cuando en Resident Evil no había munición como para declararle la guerra a Estados Unidos y empezar la Tercera
Guerra Mundial, la tarea de sobrevivir en una claustrofóbica mansión plagada de zombis con un simple cuchillo y una
pistola con 15 balas era mucho más desafiante y atractiva que cualquier entrega de la saga de hoy en día. En el
Resident Evil original de PlayStation y Saturn la palabra difícil se quedaba pequeña. Suavizaron en gran medida la
dificultad con Resident Evil 2, para luego volver a subirla un poco con la tercera entrega, pero creednos, este es el
Resident más chungo de todos.

SHINOBI (PlayStation 2 y Xbox, 2003)


El arcade original era duro, pero esta pesadilla injugable resultaba verdaderamente antipática, ejemplo evidente de
cómo una dificultad absurda puede arruinar un juego que no estaba tan mal, pero que acabas abandonando por una
dificultad mal entendida: un juego no puede agobiarte hasta ese punto, debe darte un respiro para coger fuerzas y
volver a intentarlo dándote margen de mejora. El problema es que en Shinobi, por una razón inexplicable, nuestra
barra de salud va mermando constantemente aunque nadie nos ataque, así que aunque no hagas nada acabas
muriendo igualmente. Sí, es injusto, es estúpido y además feo.

SNAKE MAZE

El clásico juego de la serpiente. Lo has jugado en mil consolas, ordenadores y en aquel móvil Nokia cutre y feo que te
regalaron tus padres para poder llamarte y tenerte controlado en todo momento. Ha tenido versiones de todas las
formas, colores y nombres, pero el desarrollo siempre es el mismo: controlas a una serpiente encerrada en un
laberinto que se va tragando comida y se va haciendo cada vez más larga, hasta que maniobrar se hace imposible
porque tu cola ocupa toda la pantalla y te acabas devorando a ti mismo. El reto está en intentar superar tu marca y
sobrevivir un poco más la próxima partida.

SUPER STREET FIGHTER II X GRANDMASTER CHALLENGE

Si pensabas que eras bueno jugando al Street Fighter y que ya no tiene secretos para ti, piénsalo de nuevo porque
estabas equivocado o sencillamente es que nunca has jugado a esta pesadilla. Muy oportunamente rebautizado como
Grandmaster Challenge (El desafío para los Grandes Maestros), esta versión asesina de Street Fighter II está
solamente al alcance de un selecto grupo de escogidos que tengan la habilidad (y la paciencia) para intentar pasar de la cuarta o la quinta fase, incluso jugando con un personaje al que dominas. Es tan rápido, difícil e injusto, que no
parece ni el mismo juego con el que crecimos todos.

TETRIS

Otro exponente del maldito Infinite Mode: jugar y jugar hasta que caigas derrotado y pierdas. Game Over. No te
esfuerces, de todas formas acabarás perdiendo. ¿Injusto? Desde luego. ¿Adictivo? Como la droga. Sabes que acabarás
perdiendo y que solo eres humano, tus reflejos y habilidades son limitadas, pero Tetris es infinito. Parece que aquí hay
alguien que está en desventaja y es un poco tonto, y no quiero señalar a nadie. Pero eh, ¿Qué es la vida misma sino un
continuo y vano esfuerzo por alcanzar lo inalcanzable?


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