El regreso

Antes de que Mathew pudiera reaccionar, le atacamos:

– ¡Ataque placaje y golpe cuerpo!

Nos precipitamos hacia Draco, pero lo atravesamos. (¡Claro, era un fantasma! ¿Qué esperabas?). No podía atacarle físicamente, pero si con los elementos naturales… ¡la electricidad!

– ¡Hiperrayo!

Casi freimos a Mathew, y a su “mascota”. Ahora era su turno de atacar. Me atacó con la misma moneda:

– ¡Impactrueno!

– Ahhh! Eso ha dolido. Casi me paralizas. Pero gracias a Dios que ya estábamos prevenidos

– Tienes suerte de no haberte caído.

– Menos hablar y más luchar –le dije.

Antes de que me replicara, le sorprendí:

– Rayo burbuja

No le herí. Solo los debilité.

– Ja, ja, ja ¿Eso es todo lo que sabes hacer?

– No, aún no has visto mi truco final. Esto solo acaba de empezar.

– Pues cuando quieras atacar, me avisas. Hasta ahora, lo único que has conseguido es hacer el ridículo, aparte de cosquillas.

– Veo que aún no te has enterado de cómo pretendo vencerte.

– Pues si te soy sincero… la verdad es que no.

– Vale, tú lo has querido… ¡Drenadoras!

De repente empezaron a salir raíces del suelo, que se conectaban a Draco.

– Lo que le está pasando a tu mascota, es que le estoy absorbiendo toda su energía poco a poco, y se irá debilitando, al igual que tú. ¿Y cómo? Al ser los dos fantasmas, y estar unidos, si él se cansa, tu también, y si él muere, tu también morirás.

– Vale, entiendo. Pero aunque me muera, me llevaré a Cobra conmigo.

– Eso ni lo sueñes. Cobra, ¡triataque: lanzallamas, pistola agua, rayo!

 

Mathew y Draco quedaron reducidos a cenizas, en un montoncito en el suelo. Se hizo el silencio. Lo habíamos conseguido. Por fin, derrotados. Me dieron ganas de gritar y proclamarlo a los cuatro vientos. ¡HABIAMOS GANADO LA BATALLA! La verdad es que formábamos un buen equipo, y con esfuerzo todo se consigue. Podía estarme toda la noche agradeciéndolo, pero ya era muy tarde, y mi familia seguramente estaría preocupada por mí.

Cogí mi móvil, me bajé de Cobra y llamé a mis padres:

– ¿Diga?

– Soy yo, Mama

– ¡Cariño! ¿Dónde estás? ¿Te ha pasado algo? ¿Estás bien? ¡Dime!

– Tranquila, no te preocupes, ya os explicaré con calma luego. Ahora lo único que quiero es descansar.

 

 

EPÍLOGO

Llegué a casa, y tras abrazar y contar lo sucedido a todos, me acosté. Estaba tan cansada que mis piernas no me sostenían en pie. En cuanto cerré los ojos, empecé a soñar: flores, amigos, parque, Cobra… cosas bonitas y relajantes.

Pero de repente, se volvió todo oscuro, negro como el carbón. Me asusté y me desperté en ese instante. Menos mal, creía que estaba muerta. Tranquilizada, volví a cerrarlos ojos, y es cuando oí una voz extrañamente familiar que me decía:

“Me has derrotado, pero tengo una sorpresa reservada para ti. . . “

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1 Comment

  1. Vaya vaya, esto se pone interesante. Me ha gustado mucho.
    Un saludo

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