La peculiar vida y obra de una escritora diferente

Todos coincidiremos en que las novelas de Andrews, en general, son puro drama y salseo. Tal vez sea la peor escritora del mundo o, al menos, la peor considerada por los lectores a día de hoy, en pleno siglo XXI.

Lo cierto es que todo lo que rodea a esa mujer es un canto al dramatismo y no hay más que echarle un vistazo a su pasado.

Virginia Cleo Andrews, nació en Portsmouth (Virginia) en 1923, y vivió una adolescencia normal hasta que quedó inválida tras sufrir una caída que la dejó postrada en una silla de ruedas hasta su muerte, en 1986.  Para Andrews la vida terminó a los 15 años.

Malviviendo en una silla de ruedas

Confinada tanto por la enfermedad, como por su madre, quien la infantilizaba enterrándola en un océano de volantes y encajes, convirtiéndola en un pajarito en una jaula de oro, Virgina Andrews intentó escapar y se creó una vida fuera de las cuatro paredes que la tenían prisionera. De esta angustia nació Flores en el Ático, su primera novela.

Este es un rasgo que se ve reflejado en todas sus obras, en ninguna de sus sagas el personaje femenino alcanza la madurez, llega a vieja o tiene hijos después de los 16. No hay vida después de la adolescencia y, si  la hay, no es muy distinta a como sería la vida de una chiquilla de 15 años pero con todos los traumas y obstáculos de una mujer adulta.

Sus personajes femeninos son infantiles, alocados, impulsivos y carentes de toda madurez propia de la edad o de la experiencia ganada con los años vividos. Así mismo, la figura materna se establece más como una especie de villana en la mayoría de sus sagas, las madres no son madres, son enemigas o están ausentes.

No se espera cariño materno por parte de las progenitoras que dan vida a sus protagonistas, no se espera que las traten con cariño, amor o delicadeza más bien se reflejan los celos, la envidia y la inquina propia de quien admira la juventud y lozanía hace tiempo perdidas. 

Tal vez esto sea también reflejo de su relación con su madre, tal vez haya sido una manera de mostrar cómo se puede estar viviendo un infierno en vida.
Habiendo acumulado la frustración propia de quien no puede valerse por sí mismo y ve, arrebatadas de sus manos las esperanzas de concebir, tener familia o un futuro fuera del yugo materno, comenzó a escribir. 

¿Y Flores en el ático?

Flores en el ático fue publicada por primera vez en 1979, cuando Virginia tenía 56 años. 

Su estilo, plano, cursi y tópico hasta la médula. Su trama imposible. Sus finales nada satisfactorios y, sin embargo, sus novelas se venden como churros, se consumen en cuestión de horas y dejan con ganas de más.
¿Y cuál es su secreto? ¿Cuál es la receta mágica que hace de sus libros algo tan adictivo? Probablemente sea por ese aura oscura que rodea a sus novelas.

Ese coqueteo con lo prohibido, esa incitación a mirar en la vida de los demás. Y es que desde su primer libro, todas sus novelas narran vidas cotidianas. Vidas comunes sin nada que las haga destacar especialmente. Es posible que parte de su éxito resida también en el gusto del lector por el voyeurismo. Ese querer conocer la vida de los demás, los éxitos y también los dramas y cómo no, los traumas. 

Todo aquello que alimenta nuestro interés más cotilla, porque en el fondo todos lo somos, y las novelas de Virginia son como la mirilla en la puerta por la que asomarte a mirar sin que nadie sepa que estás observando.

Novelas ricas en contenido pero pobres en coherencia.

¿Qué encontramos en sus sagas? Nada menos que amores prohibidos. Drama. Muertes. Torturas y placer en el dolor ajeno. Madres desamoradas, incesto, relaciones sexuales entre chiquillas de 15 años con hombres de más de 40 y hasta canibalismo. ¿Y cómo encaja todo esto en la trama de los pequeños muñecos de Dresde, como se hacen llamar los protagonistas de su primera saga? Pues con mucho calzador y muchísimos clichés.

Como he dicho al principio, Andrews puede que sea una de las autoras peor consideradas a día de hoy. Y no es porque en sí su literatura sea mala, si no porque a día de hoy las temáticas que aborda, la forma de narrar y sobre todo, la manera que tiene de narrar a sus personajes femeninos hace que sea complicado de comprender.

A día de hoy es impensable ya que nos parezca bien que una chiquilla esté con un hombre 30 años mayor que ella o que soporte abusos, maltrato y vejaciones de su pareja porque “pobrecito no sabe quererme de otra manera” hoy en día los tiempos han cambiado, la cultura y la mentalidad son distintas y si bien Andrews lo petaba en su momento, ahora también lo peta, pero más flojito. 

Una de las autoras más fructíferas

Sin embargo, si echamos un vistazo rápido a su página de wikipedia podremos ver que en total, Andrews ha publicado 20 sagas. Todas de la misma temática esperpéntica.

Todas con el mismo tipo de protagonista que pasa por los clásicos apuros y termina tomando decisiones poco certeras. ¿Y cómo puede ser, si Andrews murió a los 63 años y su última novela (Roxy’s Sotry) se publicó en 2013? ¿Puede seguir viva una persona tantos años? La respuesta obvia es no.
Y es que, tras el éxito de Flores en el Ático y Pétalos al viento (las dos primeras novelas de la saga Dollanganger) la editorial se dio cuenta de que habían hallado una mina de oro.

Cuando Andrews murió, no dudaron en contratar a Andrew Neiderman, un conocido ghostwriter que supo ponerse fácilmente bajo la piel de adolescentes rubias y de ojos azules para narrar las siguientes novelas de la saga y continuar, de esta manera burda y sin decoro, con el legado de Virginia Andrews.

Y al final… ¿Sólo importan las cifras?

Se habla de que la Saga Casteel fue la última que escribió Andrews, ya que publicaron dos de sus libros antes de su muerte y tres después, pero en varios de ellos reza la anotación “Inspirado por V.C Andrews, terminado por Neiderman”

Se sabe que V.C Andrews ha vendido más de 106 millones de copias de sus novelas en todo el mundo, sus libros han sido traducidos a más de 24 idiomas y de todo esto ella no ha visto absolutamente nada.

¿Es justo para el escritor ser utilizado de esta manera por puros fines lucrativos? ¿Es ético? La respuesta clara es no.

Se desconoce si Virginia dejó legado o familia a quien derivar los frutos de su trabajo, pero está claro que aquí quién se ha lucrado con las vidas imaginarias que una mujer de 15 años postrada en una silla de ruedas, creó para huir de su realidad.

De la literatura, al cine

De la saga Dollanganger se han hecho dos adaptaciones cinematográficas, una en 1987 y otra en 2014 que dejan muchísimo que desear. En esta última el papel principal lo tuvo Kiernan Shipka, actriz de la serie Sabrina.

Papeles interpretados por actores/actrices planos que no han sabido expresar toda la crudeza de una historia como la que se narra en esta saga. Por este motivo, tal vez, dichas películas salieron a la luz y volvieron a las sombras sin pena ni gloria y sin dejar mucha huella en el espectador.

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