Final Fantasy X

La Guerra de las máquinas.

Final Fantasy X es un JRPG del que ya escribimos un artículo hace tiempo. Pero nunca se explicó cómo empezó todo lo que forma ese mundo: la Guerra de las Máquinas.

 Estalla la Guerra de las Máquinas

Mil años antes de los eventos del juego, las dos grandes ciudades de Spira, Zanarkand y Bevelle, entraron en guerra. Zanarkand no tenía máquinas de guerra, pero, aunque tenía a gente con conocimientos mágicos avanzados, éstos no eran rivales para las máquinas de Bevelle. Lenne, una famosa cantante y poderosa invocadora de Zanarkand había sido enviada a enfrentar al enemigo, pero Shuyin no estaba de acuerdo con que su amante fuera a esa situación que acabaría con su vida, así que decidió ir a Bevelle para activar a Vegnagun, ya que esta máquina no diferencia entre enemigo y aliado y podría acabar con la guerra rápidamente.

 

El sueño de los oradores

Viendo que no tenían ninguna posibilidad de ganar la guerra, el Invocador y regente de Zanarkand, Yu Yevon tomó una radical determinación: para que el recuerdo de la ciudad perdurase, pidió a todos los invocadores de Zanarkand que se transformasen en oradores en la cima del Monte Gagazet, para invocar una versión de ensueño de la ciudad, para así hacerla eterna. Gracias a la energía de millones de lucilos, los Oradores crearon una bestia inmensa e indestructible para que Yu Yevon tuviera una coraza y así protegerle para poder conservar el sueño de la ciudad, la cual pasaría a ser llamada Sinh (Sin en la versión original, ya que la traducción de Sin es pecado y la gente de Spira creían que fue creado por los pecados cometidos en la Guerra de las Máquinas). Yu Yevon le transmitió unas órdenes básicas a Sinh antes de caer en su sueño eterno, las cuáles fueron, entre otras, que destruyera las máquinas y las grandes ciudades para poner fin a la locura del hombre y así fue como Zanarkand fue destruida por Sinh, delante de las tropas de Bevelle. Como la decisión que tomó pesaba sobre la conciencia de Yu Yevon, éste avisó a su hija Yunalesca y su esposo Zaon y les dio instrucciones sobre cómo actuar cuando eso pasase. Para garantizar que la Zanarkand soñada pudiese perdurar y que se pudiera mantener el control del mundo, Yunalesca dio a Bevelle la orden de venerar a Sinh y abandonar las máquinas. Con las instrucciones de su padre, Yunalesca instauró un ciclo de destrucción asegurado por Sinh y salpicado con los periodos de Calma, para así mantener viva la esperanza de la gente.

Después de la Guerra de las Máquinas

Aunque los elementos espirituales de la naturaleza de Spira eran fuertes e independientes, la mayoría fueron pervertidos de su significado por la Iglesia de Yevon, la cual pretendía tomar el control de todos estos elementos. También pervirtió la naturaleza real de los Oradores, los Eones, Sinh y los recuerdos vistos por los vivos en el Etéreo (la Iglesia hizo creer al pueblo que lo que ven no son simples imágenes y así creyeron que eran manifestaciones de los difuntos). Solo el pueblo Albhed era consciente de la verdadera naturaleza de los lucilos. La iglesia también manipuló el gesto de victoria de los partidos de Blitzball, el cual convirtieron en un símbolo de oración y, del mismo modo, el Himno del Orador también sufrió una modificación en su significado. Este himno nació como un canto del pueblo de Zanarkand durante la Guerra de las Máquinas y se entonaba al final. También se utilizó para la invocación del sueño y de Sinh. Yevon entonces decidió convertirlo en un canto sacro para aliviar las almas de los muertos. Gracias a Yunalesca, hubo Oradores ubicados en todos los templos de Spira y así se sentaron las bases del peregrinaje.

 

Una nueva esperanza

Los estragos que causada Sinh duraron durante 600 años, hasta que un invocador llamado Gandof derrotó por primera vez La Calma a Spira, derrotando a Sinh en una llanura desértica que fue llamada La Llanura de la Calma gracias a esa hazaña. Entonces, Gandof recibió el título póstumo de Alto Invocador, ya que al derrotar a Sinh, el invocador muere. Gracias a este sacrificio, se dio ejemplo a las futuras generaciones de invocadores. Aunque duró únicamente un año, el pueblo de Spira pudo vivir sin temor a los ataques de Sinh. Casi 200 años más tarde, Ohalland, un exjugador de Blitzball, logró acabar con Sinh y traer la tercera Calma (siendo la primera La Calma lograda por Yunalesca). Después de 130 años, la invocadora Yocun trajo la cuarta Calma al pueblo de Spira.

La tragedia de Seymour

50 años antes de los eventos del juego, Yo Mika fue elegido como Venerable Supremo de la Iglesia de Yevon, pero, aunque éste murió, sus ansias de poder lo mantuvieron en el mundo de los vivos como un No Muerto y así pudo conservar su estatus como Venerable Supremo. 22 años después, Seymour, hijo de Jyscal Guado y humana, nació. 3 años después, Jyscal fue nombrado líder de los guado. Jyscal se casó con una humana para crear un acercamiento entre sus dos pueblos, pero el nacimiento de Seymour no fue bien recibido por ninguno de los 2 pueblos. Como los guado estaban muy apegados a sus tradiciones, Jyscal se vio obligado a exiliar a su madre e hijo al Templo de Baaj.

Seymour no tardó en desarrollar unas habilidades de invocador excepcionales y su madre decidió acompañarlo en su peregrinaje para vencer a Sinh y que así el pueblo de Spira lo acepte, pero no pudo resignarse a ver a su madre morir y se negó a utilizarla contra Sinh. Su madre se convirtió entonces en el Eón Ánima, prisionera de su condición en el Templo de Baaj. El aún joven Seymour decidió refugiarse en el templo tras abandonar su misión.

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