Una lista de títulos que se dedicaban a hacerte la vida imposible

Cálmate, no eran cosas tuyas: efectivamente siempre hubo (y habrá) juegos que te hacían trampas, que se reían de ti en tu cara de forma descarada e inmisericorde, y lo peor es que siempre lo has sabido y al comentarlo con tus amigos era aún peor, ellos se reían de ti aún más.

Han pasado ya varios años (muchos, en algunos casos) desde que juegos como Street Fighter II salieron al mercado, pero no ha sido hasta hace relativamente poco cuando se ha demostrado de forma empírica y científica que juegos como este te hacían trampas sin tú saberlo, pero sabiéndolo en el fondo.

¿Lo has entendido?… ¿Aún no?…Pues hoy, aquí en Mentero.es, en este artículo sensacional y en clave de humor te lo explicamos. Sigue leyendo y disponte a darle un puñetazo a la pared del cabreo…

Alex Kidd in miracle world

Pocas formas más tontas de hacer trampas puede haber en esta vida como la de hacerse trampas a uno mismo.

Me explico: como seguramente recordaréis, el gran Alex Kidd in Miracle World tenía unos curiosos enfrentamientos con jefes de final de fase (si se les puede llamar así) un tanto peculiares, en los que debíamos jugar a “papel, piedra o tijera” para vencerlos y poder avanzar en el juego. Pues bien, el “truco” en esta ocasión, o la trampa, si así se quiere, te la estaba haciendo la consola al hacerte creer que el rival era tan tonto como para no darse cuenta de cuál era tu mano ganadora en el dichoso juego.

A fin de cuentas, no olvides que la consola detecta automáticamente todas y cada una de las secuencias de botones que activas al pulsar el control pad, por lo que la sensación de aleatoriedad y de engañar al rival sacando papel, piedra o tijera era un absoluto fiasco. Una trola descarada. Y lo peor es que era el propio juego el que se engañaba a sí mismo: estaba claro que la máquina sabía en todo momento cuál iba a ser tu próximo movimiento, pero eso sí, estaba muy bien disimulado…Seguro que tú hasta te lo creíste. Bendita inocencia…

Arkanoid

Arkanoid era otro gran tramposo. La prueba la tienes en ese regalo envenenado que te hacía el juego cada vez que cogías un bonus que triplicaba la pelota…
“¡Qué bien, con esto me cargo el muro de ladrillos en tres segundos!”, pensarías…
Error.

Craso error. Lo cierto es que esta trampa para golosos te hacía creer que triplicando el número de pelotas también triplicabas tu poder destructivo, cuando lo único real y definitivo a la hora de la verdad era que la historia siempre acababa mal: la avaricia rompe el saco, y por intentar mantener en pantalla las tres dichosas pelotitas y sembrar el caos entre los ladrillos del muro, al final se te iba la olla y acababas perdiendo las tres pelotas.

Resultado: muerte por avaricia. La verdad es que si te paras a pensarlo se trata de una broma muy cruel, porque al depender de la aleatoriedad del rebote no de una, sino de tres pelotas al mismo tiempo, esto generaba situaciones imposibles en las que no te daba tiempo de llegar a ninguna de las tres pelotas, causando todo este embrollo la pérdida de una de tus escasas y valiosas vidas.

No era la única trampa cruel de Arkanoid: a veces te daba la sensación de que aumentar el tamaño de tu nave era una garantía de aprovechar mejor el rebote de la pelota, algo que tampoco era exactamente cierto (a veces se jugaba mejor con el bate corto que con el bate largo), y otras veces el poder disparar rayos láser para destruir directamente los ladrillos te hacía susceptible de despistarte y perder el rebote de la pelota. Si es que somos tontos…

 Marvel vs Capcom 2

Otro ilustre tramposo en nuestra lista de hoy es Marvel VS Capcom 2, aunque en realidad lo que vamos a explicar ahora también sería aplicable a tantos otros juegos de corte similar, porque el principio es el mismo: increíbles y coloridos combos de más de 50 golpes (literalmente) que son capaces de devorar media barra de energía de tu rival…Suena bien, ¿verdad?…Y se ve aún mejor, desde luego. Pues ahora ponte y hazlo tú. Dificilillo, ¿eh?…

Pues fíjate tú qué cosas que a la máquina no le cuesta absolutamente nada hacerlos, es más, te encadena uno detrás de otro sin despeinarse y encima no falla ni una sola vez. Ponte tú ahora y trata de hacer aparecer toda esa parafernalia de rayos, centellas, flashes y personajes de apoyo que entran y salen como una exhalación para darte la paliza de tu vida en cuestión de segundos.
La mayor parte de las veces, de hecho, te acabas enterando de que existen determinados combos cuando te los han hecho a ti y te han dejado sin dientes chupando un bordillo, pero no intentes hacerlos tú, porque no solo no te van a salir (son súper difíciles), lo que es aún peor: al fallar quedarás desprotegido y te van a reventar a palos. Ya ves que no eres el único…

Metal Gear Solid

Una de las trampas más legendarias de los videojuegos la tenemos en el mítico Metal Gear Solid de PlayStation, nuestra querida máquina de 32 bits que cambió el mundo.

¿Os acordáis de Psycho Mantis, ese carismático hijo de su madre que era capaz de leer tu memory card y tu “mente”?…Desde luego, pocas veces se han vuelto a hacer cosas así de originales, interactivas y sorprendentes en un juego desde entonces, pero lo que está claro es que aquí había más trampa y más cartón de la que parecía.

Por supuesto que Psycho Mantis era capaz de leer tus pensamientos, de hecho, ya lo hemos comentado antes al hablar de Alex Kidd, todos los juegos te “leen” el pensamiento, en realidad, pero mediante el autoengaño que se hace la máquina y a base de mirar para otro lado y hacerse el tonto, te permiten dar con la solución ganadora. Para que luego digas que la máquina es mala…

Need for Speed Underground

Need for Speed es en realidad el abanderado y el mejor exponente de toda una serie de juegos que se ríen en tu cara y te llaman idiota así como el que no quiere la cosa: me refiero a los juegos de carreras de coches. ¿Por qué?, os estaréis preguntando…

Pues bien, la respuesta está en el hecho innegable de que tu habilidad al volante como simple humano nunca podrá competir con la máquina. Así de simple. Por muy bueno que seas. Si recuerdas la saga Need for Speed, te acordarás también de la importancia que tenía en este juego (y en sus secuelas posteriores) el hecho de hacerlo todo perfecto hasta llegar a la línea de meta. No basta con llegar el primero, además tendrás que hacerlo con estilo.

De aquí el quid de la cuestión: no importa lo bien que lo hagas, no importa que de cinco vueltas lo hagas todo perfecto en las cuatro primeras, porque al más mínimo error que cometas en una curva de la última vuelta, descubrirás que misteriosamente los rivales sí que lo han hecho todo perfecto y los tenías ahí todo el rato, pisándote los talones. Resultado: por un mínimo error, te adelantarán y adiós a ser el primero en esa carrera que tenías prácticamente ganada. Y aquí es donde nos preguntamos: ¿y es que los demás coches nunca se equivocan…? Pues claro que no, los controla una máquina. ¡TONGO, TONGO!!…

Street Fighter II

Te ha pasado mil veces y seguías pensando que eran cosas tuyas: “Esto no puede ser, acabo de ganarle el primer round… ¿Cómo es posible que M. Bison me acabe de pegar semejante paliza?”, te preguntabas mientras no sabías si reír o llorar o estrellar el mando contra la pared. Pues recientemente se ha descubierto que efectivamente había gato encerrado.

Y lo mismo pasaba cada vez que te enfrentabas a Blanka y salía disparado como una bala hacia tu cara, o ese Guile que te tiraba varios ataques Sonic Boom sin apenas detenerse o retroceder. La solución al enigma está en que la máquina no necesita ejecutar los combos de la misma manera manual y torpe en que lo haces tú: por no necesitar, no necesita ni dejar pulsadas las teclas direccionales, y aumenta la velocidad de los ataques y reduce el tiempo de reacción a su antojo, cosa que evidentemente tú no puedes hacer. Qué injusta es la vida…

Tehkan Word Cup

Tehkan World Cup es uno de los juegos más descaradamente injustos para con el pobre jugador que se hayan hecho, también uno de los más divertidos, eso es cierto, pero qué duda cabe de que no esconde sus cartas, al menos es un tramposo descaradamente indiscreto: la velocidad de los jugadores de los dos últimos equipos es, aproximadamente, el doble que la de los tuyos. ¿Es esto justo?…

Después de todo, ¿no se supone que todos deberían correr igual de rápido? Trasladada al fútbol real, la injusticia sería comparable al hecho de darle botas de tacos a un equipo y obligar al otro a jugar descalzos.
De lo que no cabe duda es de que Tehkan World Cup te hace trampas en la cara y tú lo aceptas, después de todo la sensación de recompensa cuando derrotas a un rival manifiestamente superior a ti es algo indescriptible…

Tetris


Es difícil imaginar un juego más tramposo que uno que no tiene final, después de todo, lo mínimo a lo que uno puede aspirar después de pegarse la paliza de vencer todos los obstáculos imaginables y atravesar un auténtico infierno, es regodearse con una buena escena de créditos que culmine nuestro titánico esfuerzo.

Pues bien, hace ya bastante tiempo (algunos de vosotros quizá aún ni habíais nacido), algunas mentes perversas en el mundo de la programación y los videojuegos tuvieron a bien inventarse el tristemente famoso “infinite mode” o modo de juego infinito: en otras palabras, el juego no tiene final, simplemente se repiten las pantallas una y otra vez, cada vez más rápido y difícil, a menudo con leves e imperceptibles variaciones, con la única finalidad de hacer que mueras en el intento.
No hay manera de ganar, es un combate que no puedes vencer. Y sin embargo, tú vuelves a intentarlo una y otra vez sin rendirte…Hasta que te cansas y te rindes. Qué tontería, ¿no? Pues así somos los seres humanos. Tetris es quizá uno de los exponentes más famosos de este tipo de juego, pero no por ello dejamos de jugarlo.

Otra trampa es hacerte creer que por chivarte cuál será la siguiente ficha que te va a caer del cielo serás capaz de hacerlo algo mejor: falso. El sistema de juego de Tetris se basa en un 90% en tu habilidad para improvisar sobre la marcha, así que de poco te va a servir el saber con antelación la ficha que te van a dar. Cosas de los videojuegos viejunos…

The King of Fighters

Con The King of Fighters (en realidad nos vale casi cualquiera de sus entregas) pasa algo parecido como con el Street Fighter II y M.Bison: su jefe final sale a escena absolutamente dopado cuando le sale de las narices. Insisto, no son cosas tuyas: Rugal, el simpático personaje (sí, estoy siendo irónico) de esta mítica saga de juegos de lucha, se mete de todo detrás de las cámaras.

Es la única explicación para entender cómo es posible que cuando menos te lo esperas barra el suelo contigo de esa forma. Tus ataques no le hacen ni cosquillas (suponiendo que llegues a tocarle), se mueve a la velocidad de la luz y en cuestión de segundos (literalmente) es capaz de beberse tu barra de energía como si fuera un Aquarius en una tarde de verano. La pantalla se llena de explosiones, destellos de luces de mil colores y tú no sabes ni qué está pasando…¿Qué es esto?…
Bienvenido al timo del tocomocho más explotado y antiguo de la historia de los juegos de lucha: ya te lo hemos explicado al hablar de Street Fighter II: la máquina no necesita introducir los comandos de los combos manualmente, ni se atiene a tiempos ni espacios. La CPU juega en otra liga, no eres torpe, así es la vida…

Virtua Tennis

La trampa que te tiende ese gran tramposo que es Virtua Tennis es, en realidad, la misma trampa que te tiende el tenis mismo en la vida real: hay bolas a las que es sencillamente imposible llegar.

Ni el mismísimo Flash sería capaz de llegar a tiempo para devolver ciertas bolas inalcanzables, hay puntos muertos de la cancha a los que no merece la pena ni intentar llegar: no vas a llegar a tiempo, ya te lo digo yo. Sin embargo, y quizá resida aquí uno de los puntos fuertes de Virtua Tennis, esa es precisamente la grandeza de este juego: refleja a la perfección la misma dinámica del deporte real al que rinde homenaje.

Sin embargo, tú sigues dándole ahí al mando y dejándote los pulgares (los míos siguen pegados en la cruceta del control pad de mi Dreamcast) en un vano intento por llegar a esa pelota envenenada que te ha disparado el rival. La cosa adquiere tintes realmente dramáticos cuando se trata de un partido contra King o contra Master, los dos personajes ocultos del juego, a los que te va a costar sudor, sangre y lágrimas derrotar. Es en esos partidos finales en los que se hará más evidente que nunca tu manifiesta inferioridad. ¿Es justo?

Desde luego que no, pero cuando consigues vencer (tras perder las treinta primeras veces) la sensación de victoria es indescriptible. Dicen que Dios aprieta pero no ahoga, Virtua Tennis hace exactamente lo mismo. Hay amores que matan, y el nuestro por los videojuegos retro no conoce límites, solo así se explica este masoquismo…

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