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Repasamos una lista de grandes títulos de este gran sistema que fue el ZX Spectrum

El ZX Spectrum fue nuestro primer contacto con el mundo de los videojuegos para muchos de los que aún seguimos metidos en esto. Han pasado muchos, muchos años desde que la fabulosa y revolucionaria máquina de Clive Sinclair alegrara los días de nuestra infancia, pero si algo permanece exactamente igual que el primer día en nuestra memoria y nuestro corazón es el recuerdo de aquellos juegos absolutamente fantásticos que, al igual que los buenos licores, no han hecho más que ganar atractivo con el paso de los años. A continuación, comprobaremos si algunos de aquellos juegos eran realmente tan buenos o si por el contrario es la nostalgia lo que nubla tu juicio y te hace recordarlos mejores de lo que eran. ¿Preparado?…

Pues pulsa LOAD”” y luego dale al ENTER… ¡Allá vamos!

Death Chase

Abrimos fuego con una auténtica bomba. Deathchase era uno de los juegos más rápidos, divertidos y adictivos del enorme catálogo del queridísimo “gomas”. Pilotando una especie de moto jet voladora debíamos perseguir y eliminar a los vehículos enemigos esquivando por el camino una verdadera lluvia de árboles, arbustos y troncos de madera que siempre, o casi siempre, acababan provocando que te estamparas contra uno de ellos.

Los fans de La Guerra de las Galaxias (entre los que me contaba hasta que llegó Disney y lo destrozó todo) seguramente habrán imaginado una y mil veces que aquellas locas persecuciones a velocidad de vértigo por entre los árboles eran en realidad una recreación de la famosa escena de El Retorno del Jedi. No sé si serán cosas mías o le ocurría a alguien más, pero en fin, son cosas de niño después de todo.

Lo que no es una cosa de niños es el increíble mérito que tiene este juego, meter toda esa sensación de velocidad en un diminuto programa de Spectrum no es moco de pavo. Un ejemplo más de que antiguamente los juegos eran puro arte, y cada uno de ellos un pequeño milagro.

Arkanoid

Arkanoid en Spectrum no es que fuera una buena conversión de la genial máquina recreativa (lo era, ya lo creo que lo era), sino que incluso me atrevería a decir que llegaba a superar al arcade de Taito en algunos aspectos, y es que tenía una jugabilidad casi perfecta, una dificultad ligeramente inferior a la recreativa y una suavidad en el manejo de la nave que ofrecían un producto final absolutamente apetecible. Si a esto le añadimos que era uno de los juegos que más colorido ofrecía en pantalla al mismo tiempo, ahí tenemos la explicación de su incuestionable éxito.

No es que a ti te pareciera bueno, es que realmente lo era. Gracias a la emulación seguimos disfrutándolo y preservamos el legado que supone esta gloriosa conversión. Si crees que la nostalgia nubla tu juicio vuelve a echarte unas partidas al Arkanoid de Spectrum y te darás cuenta de dos cosas: una) sigue siendo genial a pesar del tiempo transcurrido, y dos) tiene un mérito increíble meter toda esa información en un juego así de pequeño pero tan grande y mítico al mismo tiempo.

Efectivamente, era bastante difícil, tremendamente duro, de hecho, pero gracias al Arkanoid de ZX Spectrum también descubrí otras dos cosas más: una) los pokes o trucos de la época para jugar con ventaja (había uno que te proporcionaba vidas infinitas), y dos) que aquello no me gustaba absolutamente nada y que me sentía mal haciendo trampas. Creedme, era (y sigue siendo) mucho mejor jugar sin trucos. La sensación de recompensa es insuperable. 

 

Barbarian

Otro gran clásico inmortal que no puede faltar en ninguna lista de favoritos del Spectrum es el Barbarian, un juegazo de 10 sobre 10 que casi 40 años después de su estreno sigue siendo un festival de luz, color, adicción y espectacularidad gráfica. Por supuesto que no puede competir con nada actual, pero tampoco sería una comparación justa ni tendría sentido, ni se pretende. En Barbarian, un niño de los años 80 tenía toda la emoción y todo lo que necesitaba para dejar volar la imaginación.

Un guerrero bárbaro (¿alguien ha dicho Conan el Bárbaro sin licencia por ahí?…Sí, yo también lo pensé en su tiempo) con una afilada y mortífera espada en mano combatiendo cuerpo a cuerpo contra agresivos enemigos, a los que siempre intentabas derrotar por la vía rápida, es  decir, cortándoles la cabeza con aquél inolvidable y mítico movimiento rotatorio que podía decapitar al rival de un solo golpe, y por culpa del cual acababas perdiendo más de un combate.

Barbarian está lleno de anécdotas, tardes inolvidables de partidas jugando contra ese pobre amigo al que invitabas a tu casa a jugar con el único propósito de dejarle en ridículo y cortarle la cabeza. La espectacular carátula del juego, la foto de Maria Whittaker, los gráficos que parecían más propios de un ordenador mucho más potente que de un simple y humilde ZX Spectrum, la música de la pantalla de presentación (¡un juego de Spectrum con música!)…

Estaba claro que estábamos ante algo más que un simple juego más de Spectrum. Barbarian es un imprescindible y no falta en ninguna lista de favoritos para nuestro entrañable Speccy. Vuelve a jugarlo y lo descubrirás intacto: el tiempo no ha pasado por él. Era genial hace casi 40 años y lo sigue siendo hoy en día. No necesita remakes ni nada por el estilo: era, es y seguirá siendo genial dentro de otros 40 años.

Batman the movie

Cuando se juntan en una misma frase Batman y Spectrum, es inevitable que se acabe por hablar del mítico e inolvidable juego de Jon Ritman, pero lo que no suele ser tan evidente o lo que no  todos parecen recordar es que de los tres juegos de Batman que aparecieron para el Spectrum el tercero y último de ellos dejó el listón realmente alto.

Estamos hablando del juego de la película de Batman de Tim Burton (1989), uno de los mejores de su generación y de paso, uno de los más potentes de la recta final de la vida más o menos útil y comercial del Spectrum.

Estábamos a punto de entrar en la década de los 90, la que indiscutiblemente fue la década de las consolas y un relevo generacional en más de un sentido, y para esas alturas el Spectrum no tenía secretos para los programadores, acostumbrados ya a exprimir el techo de las posibilidades técnicas de la máquina mil y una veces.

Batman The Movie recuerda poderosamente al Robocop que ya disfrutáramos como enanos tan solo un año antes, y no es de extrañar, porque ambos juegos son de Ocean y se nota la mano de los artistas detrás de las bambalinas. Algunas fases son prácticamente un calco de las de Robocop, y esto no es algo necesariamente negativo.

De todas formas el juego tiene méritos propios para destacar por sí mismo, y es que tiene en su variado desarrollo una de sus principales bazas. Hasta tenía fases en las que pilotábamos el imponente y elegante batmovil a todo gas por las calles de Gotham. Todo un juegazo. Te hará creer que el Spectrum tenía más de 8 bits.  

 

 

 

Commando

A menudo solemos hablar de lo bien hechas que estaban las conversiones de recreativas en Dreamcast, y con menor frecuencia en consolas de menor potencia en generaciones anteriores a la bestia de 128 bits de Sega, pero lo que muchas veces se nos olvida es que hubo una época en la que un modesto y limitadísimo hardware de 8 bits era capaz de emular las experiencias y las sensaciones que nos transmitían los arcades en que estaban basados muchos de sus juegos.

Commando para ZX Spectrum es un ejemplo perfecto de esto que estamos hablando: absolutamente todo lo que hacía de la placa original de Commando algo especial está presente en la conversión para nuestro querido ordenador de teclas de goma y sus sucesores, clones y sucedáneos: es literalmente imposible pedirle más a un software de 8 bits.

Hasta los gráficos cumplen con solvencia esta vez, por no hablar de un scroll suave y muy logrado que no tiene nada que envidiarle a la máquina recreativa, y ante todo y por encima de todo, una jugabilidad perfecta que es un calco exacto del Commando al que jugabas en tu salón de recreativas favorito o en el bar de la esquina.

Sentirás la adrenalina correr por tus venas cuando al final de cada nivel veas venir hacia ti a todo un escuadrón de enemigos armados hasta los dientes y te veas obligado a correr más que sus balas. Moverte entre lluvias de proyectiles y devolver el fuego sin morir en el intento es una experiencia difícil de olvidar, mucho más si lo jugaste siendo un niño. Volver al Commando de ZX Spectrum pasados unos años lo convierte en algo realmente único, en primer lugar porque te das cuenta de que asombrosamente sigue siendo muy divertido.

En segundo lugar pero no menos importante, aprendes a apreciar aún más el tremendo esfuerzo que se hizo en su día para encapsular la grandeza de un clásico como Commando en una conversión doméstica tan pequeña pero, al mismo tiempo y paradójicamente tan grande. Una obra maestra que debería figurar en el Top 20 de cualquier buen aficionado al ordenador de Sinclair, tanto si lo jugaste en su día como si lo haces ahora por primera vez.

Double Dragon

Y hablando de buenas conversiones de recreativas, cómo no traer a la palestra este otro gran clásico al que muy posiblemente le dedicaras unas cuantas horas de tu juventud. 

Los hermanos Billy y Jimmy Lee son los culpables de haber destrozado miles de joysticks de toda una generación de jugadores, por no hablar de la pobre y sufrida barra espaciadora de tu Spectrum, que nunca volvió a ser la misma después de jugar a dobles con el teclado. Double Dragon es un ejemplo perfecto de todo lo que una buena conversión de arcade debe tener: buenos gráficos (al menos efectivos y contundentes en el caso de un hardware limitado como lo es del Speccy), scroll decente que no moleste y sobre todo una jugabilidad que te haga disfrutar como un enano y te haga olvidarte de que estás jugando a una versión menor.

Jugando a dobles es donde Double Dragon demostraba todo su esplendor y su grandeza: juegos posteriores suprimieron al segundo jugador y sin embargo esta pequeña joya demostró que cuando se quiere, se puede. Hacer las cosas bien es cuestión de talento, horas de trabajo y ganas de hacerlo bien. Todo ello se conjuga de manera magistral en este gran juego de lucha callejera para tu Spectrum. Es incluso mejor que el original en algunos aspectos, pero solo sabrás apreciarlo si lo jugaste mucho en su día. 

 

Express Raider

Algunas conversiones de recreativas para Spectrum eran incluso tan buenas, que no te enterabas de que eran conversiones de un arcade hasta pasados bastantes años. En aquella época poco te importaba si la conversión era mejor o peor, tú solo entendías de juegos divertidos y otros que no lo eran tanto, y si se trataba de un juego original para tu ordenador o de una conversión procedente de una máquina recreativa era algo que en la mayoría de los casos se quedaba en una anécdota.

El caso de Express Raider es uno de estos, lo disfruté muchísimo de pequeño, le dediqué horas y horas y hasta mucho tiempo después no lo vi en un bar, para mi sorpresa y asombro. Y es que la versión para Spectrum era tan condenadamente buena que nada te hacía sospechar que aquello tuviera su origen fuera de tu ámbito doméstico. Simplemente acepté que ese curioso juego con un ladrón como protagonista (¡toda una novedad: aquí eres el malo de la película!) era un juego de Spectrum, y años después al verlo en su versión original arcade mi mente de niño (ajeno a todas esas triquiñuelas) pensó que la máquina era una versión del clásico de Spectrum pero con mejores gráficos y sonidos.

Si os paráis a pensarlo tiene su lógica, y es que al fin y al cabo el Express Raider de Spectrum era tan bueno que realmente podría haber inspirado una recreativa o hasta una película, ya puestos a imaginar. Tiene calidad más que de sobra para convencer a cualquier escéptico que pueda dudar de la capacidad de un ordenador de 8 bits para divertir y ofrecer partidas emocionantes y vibrantes.

¿Cómo describir si no esas épicas peleas en la parte de arriba de los vagones del tren? ¿Cómo describir si no esas galopadas a lomos de nuestro veloz caballo, en las que además de correr debíamos apuntar con cuidado a los objetivos escondidos entre los vagones?…Espectáculo y épica en estado puro.

Ya no se hacen juegos como Express Raider, y una conversión así de buena en un ordenador como el Spectrum es una demostración de que cada juego era un pequeño milagro. Si nunca lo has jugado todavía no sabes realmente de qué es capaz tu Spectrum. Si por el contrario ya lo jugaste en su día quizá vaya siendo hora de que vuelvas a revisitarlo otra vez, se merece una revisión y un homenaje. ¡Viajeros al tren…!

 

Fernando Martín Basket Master

No me importa en absoluto reconocer que Fernando Martín Basket Master sigue siendo el mejor juego de baloncesto al que he jugado jamás. No sé si es porque los juegos de basket de nueva generación son tan hiper realistas que ya no me parecen ni un videojuego, o porque el valor sentimental es un extra de serie a tener en cuenta, pero sea como fuere, esta pequeña joya de Dynamic nunca bien ponderadasigue siendo un verdadero pelotazo y un pequeño pedazo de la historia del baloncesto en nuestro país y, de paso, de la misma industria del videojuego.

Dos cosas llaman poderosamente la atención de Fernando Martín Basket Master: la primera es que hace uso de una licencia atractiva como lo era en aquellos días la del tristemente fallecido Fernando Martín (el que fuera nuestro mejor jugador en la NBA), adelantándose a su tiempo de manera revolucionaria con una tendencia que hoy en día nos parece muy normal, como es la de hacerse con la imagen de un deportista famoso como reclamo. Y en segundo lugar, tiene una jugabilidad por la que no parecen pasar los años: como te digo, sigue siendo el juego de basket uno contra uno más divertido y adictivo al que he jugado. No es la nostalgia (que también), es que el juego era así de bueno.

FIST (The Way of the Exploding FIST)

¿Quién dijo que el Spectrum no era capaz de mover grandes juegos de lucha? Quizá no pudiera tirar de ciertos juegos más elaborados, pero tiene tantas joyas entre las filas de su catálogo que tampoco se echaron en falta más cosas. The Way of the Exploding Fist (“El FIST” para los amigos) era uno de esos juegos asombrosos que te dolía dejar en el olvido cuando decidiste (erróneamente) dejar atrás tu Spectrum y dar el salto al mundo de las consolas. Afortunadamente años después, y tras haber madurado un poco (tampoco demasiado), nos dimos cuenta de que para avanzar a menudo es necesario retroceder, y debido a esto nunca es tarde para echar la vista atrás y recuperar las viejas glorias. Ser aficionado a los grandes videojuegos de hoy en día no está reñido con saber apreciar y valorar viejas obras de arte como este Way of the Exploding Fist.

Tanto si lo jugaste en su momento como si llegas a él a través de un emulador en tiempos modernos, descubrirás que se trata de un juego lleno de posibilidades en el que prima la destreza y la habilidad real en el combate por encima de la rudimentaria técnica de machacar botones a tontas y a locas. Para vencer en Fist deberás calcular con precisión cómo, cuándo y dónde golpear a tu oponente. No solo es el mejor juego de kárate al que haya jugado, por extensión es también uno de los mejores juegos de lucha que he tenido la suerte de probar.

Además los enemigos hacen gala de una inteligencia artificial asombrosa: si abusas mucho de un determinado tipo de golpe, aprenderán a cubrirse cada vez más rápido y mejor, lo que hará cada vez más difícil vencer en los sucesivos combates. Por este motivo y muchos más te parecerá mentira estar ante un juego programado para una plataforma de tan solo 8 bits, pero al fin y al cabo de eso trata este reportaje, si algo tienen en común la gran mayoría de juegos analizados es que daban la sensación de correr en un ordenador que tuviera bastantes más de 8 bits. The Way of the Exploding Fist es una pequeña obra de arte que no debes perderte.

 

Jet Pac

Nunca algo tan sencillo proporcionó tanta diversión. Así de simple. Si algo tienen en común grandes títulos inmortales como Pac-Man, Tetris o por qué no, este mismo Jet Pac de ZX Spectrum, es que agarrándose a un clavo ardiendo de minimalismo sabían sacar un gran partido de donde apenas hay algo. En Jet Pac el desarrollo y el concepto del juego es realmente simple: encarnamos a un astronauta que se ha quedado extraviado y sin combustible para volver a casa. Recolectar el combustible suficiente para reactivar nuestro cohete espacial y salir de ahí no será tarea fácil: estamos rodeados de extrañas formas de vida alienígena que harán lo imposible por acabar con nosotros.

Si tienes la habilidad suficiente para sobrevivir entre estas mareas de enemigos y poder rellenar de combustible tu cohete, podrás decir que eres alguien realmente hábil y pasar a la siguiente pantalla. Yo no recuerdo haber pasado jamás de la quinta o la sexta pantalla, a decir verdad, pero sí recuerdo que fue uno de los muchos juegos de Spectrum a los que dediqué horas muertas en su día y que, muchos años después, a través de la emulación en la Dreamcast, volví a disfrutar como el primer día. Los juegos buenos y verdaderamente únicos son así, el tiempo no pasa por ellos.

A su genialidad habría que añadir un detalle que lo hace aún más grande, y del que casi nunca se suele hablar: en un alarde de virtuosismo técnico, el joystick responde a nuestro pulso haciendo que nuestro astronauta protagonista salte más o menos alto en función de la fuerza con la que movamos la palanca. Es algo que no he vuelto a ver en muchos años y que para tratarse de aquella época me sigue dejando estupefacto. 

Maniac Miner

20 juegos de ZX Spectrum

A menudo se le achaca al ZX Spectrum y en concreto a muchos de sus juegos (con bastante ligereza) el hecho de tener una dificultad muy elevada y por ello ser poco jugables, o debido a esto tratarse de algo negativo, cuando lo cierto es que yo siempre lo he visto justamente al contrario. Es cierto que muchos de sus juegos eran desproporcionadamente difíciles, y este Manic Miner es un claro exponente, pero no es menos cierto que una vez que dominabas el juego y aprendías las rutinas y las mecánicas de turno, la sensación de recompensa era grandiosa, y eso es algo que se está perdiendo en los juegos actuales.

Manic Miner pone a prueba tus reflejos y tu paciencia como muy pocos videojuegos han sabido o han podido hacerlo: gritarás, maldecirás, blasfemarás y sentirás ganas de tirar el joystick por la ventana, pero una cosa es segura: te lo pasarás bomba mientras lo juegas. Todo está en tu contra en Manic Miner: todo lo que se mueve quiere comerte o matarte, hasta el suelo que pisas se va cayendo, y en un refinamiento definitivo de crueldad por parte de su programador (algunos dirían que más que crueldad era enfermedad mental), el oxígeno que respiras es limitado, algo que no debería sorprenderte porque encarnas a un minero. Así que, hasta el tiempo está en tu contra ya no solo se trata de calcular bien los saltos y recoger las llaves diseminadas por la pantalla para acceder al siguiente nivel, además deberás hacerlo rápido. Muy rápido. ¿Difícil? Desde luego. ¿Bueno? No, no es bueno. Es buenísimo.

Navy Moves

20 juegos de ZX Spectrum

Si no compraste en su día aquella mítica Micro Hobby que traía una cinta de cassette con la demo jugable de Navy Moves es porque, una de dos, o no tenías 375 pesetas ese mes (y en ese caso te quedaste sin una de las mejores revistas de la historia de los videojuegos), o bien no habías nacido aún, en cuyo caso ahora debes tener una edad envidiable. El caso es que Micro Hobby supo poner en portada uno de los mejores juegos jamás programados para el Spectrum, y de paso llevarse el gato al agua ofreciendo una exclusiva demo en su mítica cinta de cassette con juegos, trucos y demos promocionales.

No era casualidad: aún en una época en la que salían (literalmente) decenas de juegazos cada mes, la elección de Navy Moves como portada de aquél mítico número estaba más que justificada. Aparte de ser un juego español, y por ello doblemente apreciado por estas tierras, Navy Moves vino a demostrar que aquello de “segundas partes nunca fueron buenas” es un mito que en los videojuegos, al menos, casi nunca se cumple: superando en todo a su legendario predecesor Army Moves, otro título colosal, Navy Moves era un prodigio visual y tecnológico que exprimía la pobre memoria y las limitadas capacidades del Spectrum de una forma increíble y difícilmente comprensible aún hoy en día.

Una mezcla explosiva de infiltración, plataformas, disparos y aventura. Ante todo aventura en estado puro y servida en formato de lujo: pocas veces se recuerda un lanzamiento más acompañado de accesorios, encartes, posters, documentación exclusiva, bocetos e ilustraciones inéditas y todo tipo de complementos en un estuche de coleccionista que venía a redondear un producto absolutamente genial. Es mítico.

 

Pheenix (Clon de Phoenix original)

20 juegos de ZX Spectrum

La picaresca de algunos programadores a la hora de esquivar las licencias y los derechos de autor era algo que en tiempos del Spectrum no conocía límite. Un fenómeno bastante frecuente por aquella época era encontrarse con juegos que se “inspiraban” de forma más o menos descarada en populares juegos coin-op de recreativas, pero que no contaban con licencia ni derechos de explotación, por lo que se veían obligados a maquillar el producto final para intentar que el invento colara.

En el caso que nos ocupa la cosa coló, y coló a base de bien: los que se gastaron la paga en su día en los salones recreativos con el mítico Phoenix, uno de los padres del género de los mata marcianos, seguramente vieron su sueño de llevarse la recreativa a casa hecho realidad gracias al Pheenix. No, no lo he escrito mal, lo has leído bien: Pheenix era una conversión magnífica del mítico Phoenix, pero evidentemente no se podía llamar igual porque no contaba con ningún tipo de licencia.

A nosotros nos daba exactamente igual, la verdad sea dicha: aquí tenías todo lo que hizo grande al título original en los salones recreativos: la nave defensora de la tierra combatiendo con las hordas invasoras, el campo de fuerza que se puede activar en casos extremos de necesidad, el pulpo marciano que hacía las veces de jefe final de fase y todo, absolutamente todo en un juego mítico e irrepetible.

Es divertidísimo, y claramente uno de los mejores shoot’em ups jamás programados para el Spectrum. Los hay mejores, más vistosos y más completos, pero para mí siempre tendrá un encanto especial. Creo que es algo en lo que se basa la filosofía del Spectrum: juegos básicos y minimalistas pero tremendamente adictivos y entretenidos. Y si nadie lo hace, entonces tendré que hacerlo yo. Programar tu propio juego para Spectrum es posible.

 

Rampage

20 juegos de ZX Spectrum

Otro de esos grandes clásicos que disfrutamos enormemente en casa para descubrir posteriormente que se trataba de una conversión de recreativa no es otro que el mítico Rampage, un juego bestial, si me permitís el chiste. Un experimento científico ultra secreto se ha ido de las manos, convirtiendo en enormes bestias gigantescas a tres inocentes criaturas, un mono (George), un lagarto (Lizzie) y un lobo (Ralph), nuestro destructivo trío protagonista, a quienes deberemos controlar para arrasar literalmente la ciudad y abrirnos paso hasta el siguiente nivel.

Destrozar a puñetazo limpio los enormes rascacielos de la ciudad, aplastar a los tanques del ejército que intentan detenernos o zamparnos de un solo bocado a los inocentes transeúntes son solo algunas de las tareas que tendremos que llevar a cabo en este gran juego, políticamente incorrecto y muy adelantado a su tiempo.

Precisamente esa incorrección política es algo que se echa mucho de menos hoy en día, esas pequeñas gamberradas que daban pie a los más inverosímiles juegos y los conceptos y las ideas más locas, como este Rampage, que inauguraría un género que ha contado con muchas revisiones con el paso de los años.

Visto con la perspectiva que proporciona el paso de los años, este Rampage para Spectrum es todo un logro. Ver cómo se mueven esos tres monstruos gigantescos por la pantalla, haciendo gala de todos sus guiños y movimientos característicos es algo increíble ahora que sabemos lo poco que ocupa un juego de Spectrum. Comprobar lo divertido que era (y sigue siendo) es aún más increíble. No tiene final, simplemente se repite una ciudad tras otra con leves variaciones en los escenarios, pero mientras dure tu partida disfrutarás del inconfesable placer de destruirlo todo a tu paso sin piedad. Un gran juego para tu Spectrum. Si tuviste la mala suerte de perdértelo en su día, pruébalo.

 

Robocop

20 juegos de ZX Spectrum

Si tenías un Spectrum allá por la segunda mitad de los años 80, y viste Robocop en el cine o en tu vídeo VHS, seguramente hiciste lo posible por hacerte con una copia del juego de Ocean. Esta maravilla de la que nunca me cansaré de ensalzar sus bondades y logros es, con diferencia, uno de los mejores y más jugables juegos que se han hecho para Spectrum.

No solo mantiene casi intacta la jugabilidad del arcade original de Data East, sino que además incorpora varias fases exclusivas de esta versión para ordenadores de 8 bits, como aquella mítica escena de la película en la que eliminamos a un violador apuntando por debajo de la falda de la chica que tiene como rehén, o esa otra en la que debíamos reconstruir un retrato robot de uno de los asesinos de Murphy antes de que se agotara el tiempo. Si a esto le unimos la variedad de situaciones y ese épico enfrentamiento a puñetazo limpio con el robot ED-209 tenemos entre manos un ganador.

Robocop es un verdadero juegazo que la mayoría de aficionados al ZX Spectrum aún recuerda con cariño, y fuimos muchos los que, años después, corrimos a comprar el cartucho para la Game Boy, magnífico port de esta versión de Spectrum.

Robocop es la enésima demostración de que la maestría y habilidad de los programadores de aquella época no tiene parangón posible entre el panorama actual. Conseguir esos resultados con una máquina de 8 bits como un Spectrum es algo que nunca comprenderé, un desafío a toda lógica y que sigue fascinándome.

 

Saboteur

20 juegos de ZX Spectrum

 Saboteur es a la vez uno de los mejores y más sorprendentes juegos de nuestro querido ZX Spectrum, y si lo echamos de menos es debido a su revolucionario concepto del sigilo y la infiltración, el sabotaje industrial y sobre todo y ante todo el carisma de su protagonista. Dos grandes juegos encumbraron la franquicia en los días de apogeo y gloria del Spectrum, y una tercera entrega desarrollada por el mismo autor original de las dos primeras, Clive Towsend, lleva ya tiempo rondando por las redes sociales, posiblemente incluso ya haya salido para cuando estés leyendo estas líneas.

Todo esto devuelve el concepto original del juego y su legado hasta nuestros días, lo que sumado a un remake que se ha visto recientemente en Nintendo Switch hace que estemos ante una saga que está lejos de desaparecer y de caer en el olvido. Incluso aunque no hubiera tenido ninguna continuidad seguiríamos recordándolo, porque amamos los buenos viejos tiempos y los juegos de otras épocas. Saboteur sabía engancharte y meterte de cabeza en su trama con astucia y buen hacer.

Hay gente que cree que es un juego lento y aburrido, pero es porque quizá esperaban un juego con un ninja masacrando enemigos a golpe y porrazo de katana y shurikens, cuando realmente aquí de lo que se trataba era de pasar desapercibido. ¿Podía tal cosa  ser divertida, y además en un Spectrum? Desde luego. Si algo tienen en común todos los buenos juegos es que no entienden de modas ni de épocas ni caprichos. Son atemporales, como Saboteur.

 

Spy Hunter

20 juegos de ZX Spectrum

Me vais a perdonar, pero tengo que empezar escribiendo este texto contando una anécdota personal: Spy Hunter fue uno de los tres primeros juegos que tuve en Spectrum. Entenderéis que no pueda ser imparcial si os digo que siempre me ha fascinado y sigue siendo a día de hoy uno de mis juegos favoritos del ZX. Años después de sudar el joystick jugando en casa al Spy Hunter descubrí que se trataba de una conversión de una máquina recreativa, pero la verdad es que todo eso a mí me daba igual, Spy Hunter era y será uno de los mejores juegos que le puedas dar de comer a tu Spectrum.

Conducir un coche anfibio y transformable por carreteras llenas de espías y agentes enemigos era algo difícil de superar en aquellos tiempos, un niño fácilmente impresionable era víctima fácil del encanto de este juego, bastante asequible para cualquier tipo de público por su razonable dificultad y su buena jugabilidad, toda una apuesta para unas buenas y entretenidas partidas a un juego absolutamente redondo. Otra anécdota: la primera versión a la que jugué se llamaba “El Coche Fantástico”, aunque era exactamente el mismo juego. La piratería y la picaresca española siempre han estado ahí de un modo u otro…

Street Fighter

20 juegos de ZX Spectrum

Cuando a Street Fighter II aún le quedaba mucho para asombrar al mundo, su modesta precuela ya supo ganarse toda una legión de adeptos y fieles que siguen proclamando a los cuatro vientos su amor por este juego, Street Fighter pegó fuerte primero en los salones recreativos y poco después gracias a sus conversiones domésticas para ordenadores de 8 bits. Adivinad porqué la versión de Spectrum fue tan especial para nosotros.

Para empezar porque aquellos graficazos no eran lo habitual en el catálogo de Spectrum: acostumbrados a juegos protagonizados por palos, rectángulos y en el mejor de los casos muñequitos cabezones, Street Fighter se llevaba la palma. Puro arte en movimiento.

20 juegos de ZX Spectrum

La jugabilidad era bastante buena para tratarse de un juego que movía unos gráficos de ese tamaño, y sin ser un prodigio ni destacar especialmente por nada, a nosotros aquel primer Street Fighter nos dejó totalmente KO. Para mí se trató de la primera vez que fui plenamente consciente de que tenía una experiencia muycercana a la del salón arcade en mi propia casa: Street Fighter era la primera conversión de máquina recreativa que no era un timo manifiesto.

Era además una prueba de fuego para la pobre memoria del Spectrum y su sufrido techo tecnológico, parece realmente difícil estirar más el chicle de lo que se hizo con esta versión. Los fans más incondicionales de su famosísima segunda parte echarán en falta aquí la posibilidad de ejecutar complejos y espectaculares combos o el poder jugar con otro personaje que no sea Ryu, pero sigue siendo un juego fascinante.

 

Target: Renegade

20 juegos de ZX Spectrum

Muchos coincidirán conmigo si os digo que Target Renegade fue el mejor juego beat’em up que tuvo el Spectrum. Así de sencillo. Por supuesto nuestro querido “gomas” contaba con grandes exponentes del género en su catálogo, pero Target Renegade tenía algo que lo hacía especial: su imbatible jugabilidad. No busques nada igual en un ordenador de 8 bits porque es imposible.

Sus gráficos eran espectaculares para el estándar de la época, en el apartado sonoro nos encontrábamos con efectos de sonido bastante logrados, pero si por algo brillaba y despuntaba este juego sobre todos los demás era por su jugabilidad y adicción, algo digno de admiración en un juego de 8 bits.

20 juegos de ZX SpectrumCon diferencia el mejor de la trilogía Renegade (el primero no estaba nada mal y ya supuso un anticipo de lo que después sería este Target Renegade, y el tercero no supoestar a la altura), en Target Renegade tenías horas de diversión aseguradas: no importaba que te lo acabaras, volvías a él una y otra vez como las moscas a la miel.

Su canto de sirena era difícil de ignorar, y es que no todos los días se veían ni se jugaban juegos como este. Muy posiblemente un claro favorito al Top 20 de todos los tiempos del ZX Spectrum, incluso si nunca lo jugaste y si en el transcurso de todos estos años te perdiste por el camino con incontables clones y reinterpretaciones, siempre estás a tiempo de redescubrir el clásico que lo empezó todo: sin Target Renegade se hace difícil entender la existencia de grandes del género como Final Fight o Streets of Rage. Aquí tienes el original. Un respeto a las canas, jovenzuelos. 

 

 

Thanatos

20 juegos de ZX Spectrum

La belleza, la poesía implícita y la épica que impregnan este juego están más allá de lo aparente. Hay algo en Thanatos que te hace bastante difícil apartar la mirada: mover por la pantalla a ese enorme bestia voladora, esa sensación de poder y esa mezcla de aterradora fascinación por ser el malvado monstruo al que todos temen produce en el jugador una experiencia difícil de narrar y aún más de olvidar. Thanatos siempre fue uno de mis juegos favoritos de Spectrum, y lo era por muchos motivos que ahora explicaré.

Para empezar era un juego raro, no era como todos los demás: el protagonista ni siquiera era humano, ni siquiera parecía noble o movido por ideales heróicos, aunque avanzada la aventura descubrieras que quizá los malos eran los demás. El no ser un juego convencional creaba ciertos vínculos afectivos con el jugador, que se veía irremediablemente atrapado en las garras de ese gigantesco y carismático monstruo que echaba fuego, volaba y atrapaba sus objetivos con las garras. Toda una pasada, todo un prodigio técnico y una vez más, la prueba de que en buenas y sabias manos, el ZX Spectrum parecía tener muchísimos más de 8 bits.

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