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Un problema grave que continua todavía sufriéndose a día de hoy

Como en cualquier país actualmente, el machismo en Japón es algo que continua existiendo. Este país, famoso por sus grandes avances tecnológicos y una cultura que nos resulta de lo más curiosa y atractiva, es también muy conocido mundialmente por el gran problema de hipersexualización de las mujeres (incluso siendo menores de edad) y por el acoso que sufren en los vagones de tren.

Para conocer esta situación más a fondo, debemos comenzar retrocediendo muy atrás en el tiempo.

Origen del machismo en Japón

Un dato que prácticamente nadie fuera de este país conoce es que existió un momento de la historia en el que las mujeres eran superiores socialmente con respecto a los hombres. En las épocas Jomon (4500 A.C – 300 A.C) y Yayoi (300 A.C – 250) eran las mujeres las que gobernaban, siendo la emperatriz la figura de máximo poder.

Cuando comenzó el periodo Heian (795 – 1185) la igualdad entre las mujeres y los hombres era absoluta, teniendo ambos el derecho a, entre otras cosas, poder recibir herencia.

Sin embargo, fue a partir del periodo Edo (1603 – 1868) cuando el hombre adquirió el poder absoluto. Las mujeres quedaron en un plano muy inferior al del hombre, ya no podían recibir herencias ni gobernar de ninguna manera. Tampoco podían poseer propiedades como casas, terrenos o katana, ni podían llegar a convertirse en samurái.  Se impartieron los roles de género tan conocidos hoy en día: el hijo mayor es el más importante, el segundo sigue teniendo importancia, pero menor, y las hijas carecen totalmente de valor en las familias.

El machismo en la sociedad moderna

La base de estas diferencias según el género al que correspondes son los roles de género, los cuales nos suelen indicar lo que se “espera” socialmente que hagas o que seas según si eres hombre o mujer. Aunque el desarrollo de la construcción de los roles de género proviene en cada país de una historia muy distinta, actualmente parecen haberse aunado lo suficiente como para ser reconocibles en prácticamente cualquier lugar del mundo.

Hay que tener en cuenta que, en Japón, además de la discriminación por sexo también está muy arraigada la diferencia entre clases. Muchas veces algunas actitudes niponas pueden ser confundidas por los extranjeros y creer que estamos experimentando una discriminación machista, cuando lo que estamos viviendo es una discriminación jerárquica.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema de herencias según la importancia de los hijos desapareció, pudieron heredar todos los hijos e hijas de la misma manera, y eso cambió de alguna manera a la sociedad entera.

En una sociedad devastada por la derrota en una guerra de este calibre, las mujeres comenzaron a quedarse en casa gestionando el dinero y cuidando del hogar, mientras en su mayoría los hombres se dedicaron a la producción. Vemos un pequeño vestigio de las épocas prehistóricas en las que el hombre salía a cazar y las mujeres se quedaban en las cuevas o recolectando verduras y

Tras estos sucesos, las mujeres comenzaron, por fin, a estudiar en universidades y acceder a mejores trabajos fuera de casa. Sin embargo, aunque cada vez ocurre menos, es muy común que las mujeres decidan dejar de trabajar para dedicarse a las labores del hogar una vez se casan, renunciando a sus carreras profesionales por completo. Y no es una decisión que provenga siempre de ellas mismas, sino que en muchas ocasiones es el futuro marido quien pide (o exige) que se cumpla esta circunstancia.

Es en las oficinas y en la política donde se pueden observar más diferencias entre hombres y mujeres: los máximos líderes políticos son, en su mayoría, hombres, y aunque en las empresas una mujer pueda acceder a puestos altos de jefatura, en su

Como en cualquier país actualmente, el machismo en Japón es algo que continua existiendo. Este país, famoso por sus grandes avances tecnológicos y una cultura que nos resulta de lo más curiosa y atractiva, es también muy conocido mundialmente por el gran problema de hipersexualización de las mujeres (incluso siendo menores de edad) y por el acoso que sufren en los vagones de tren.

Para conocer esta situación más a fondo, debemos comenzar retrocediendo muy atrás en el tiempo.

Origen del machismo en Japón

Un dato que prácticamente nadie fuera de este país conoce es que existió un momento de la historia en el que las mujeres eran superiores socialmente con respecto a los hombres. En las épocas Jomon (4500 A.C – 300 A.C) y Yayoi (300 A.C – 250) eran las mujeres las que gobernaban, siendo la emperatriz la figura de máximo poder.

Cuando comenzó el periodo Heian (795 – 1185) la igualdad entre las mujeres y los hombres era absoluta, teniendo ambos el derecho a, entre otras cosas, poder recibir herencia.

Sin embargo, fue a partir del periodo Edo (1603 – 1868) cuando el hombre adquirió el poder absoluto. Las mujeres quedaron en un plano muy inferior al del hombre, ya no podían recibir herencias ni gobernar de ninguna manera. Tampoco podían poseer propiedades como casas, terrenos o katana, ni podían llegar a convertirse en samurái.  Se impartieron los roles de género tan conocidos hoy en día: el hijo mayor es el más importante, el segundo sigue teniendo importancia, pero menor, y las hijas carecen totalmente de valor en las familias.

El machismo en la sociedad moderna

La base de estas diferencias según el género al que correspondes son los roles de género, los cuales nos suelen indicar lo que se “espera” socialmente que hagas o que seas según si eres hombre o mujer. Aunque el desarrollo de la construcción de los roles de género proviene en cada país de una historia muy distinta, actualmente parecen haberse aunado lo suficiente como para ser reconocibles en prácticamente cualquier lugar del mundo.

Hay que tener en cuenta que, en Japón, además de la discriminación por sexo también está muy arraigada la diferencia entre clases. Muchas veces algunas actitudes niponas pueden ser confundidas por los extranjeros y creer que estamos experimentando una discriminación machista, cuando lo que estamos viviendo es una discriminación jerárquica.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema de herencias según la importancia de los hijos desapareció, pudieron heredar todos los hijos e hijas de la misma manera, y eso cambió de alguna manera a la sociedad entera.

En una sociedad devastada por la derrota en una guerra de este calibre, las mujeres comenzaron a quedarse en casa gestionando el dinero y cuidando del hogar, mientras en su mayoría los hombres se dedicaron a la producción. Vemos un pequeño vestigio de las épocas prehistóricas en las que el hombre salía a cazar y las mujeres se quedaban en las cuevas o recolectando verduras y frutas.

Tras estos sucesos, las mujeres comenzaron, por fin, a estudiar en universidades y acceder a mejores trabajos fuera de casa. Sin embargo, aunque cada vez ocurre menos, es muy común que las mujeres decidan dejar de trabajar para dedicarse a las labores del hogar una vez se casan, renunciando a sus carreras profesionales por completo. Y no es una decisión que provenga siempre de ellas mismas, sino que en muchas ocasiones es el futuro marido quien pide (o exige) que se cumpla esta circunstancia.

Es en las oficinas y en la política donde se pueden observar más diferencias entre hombres y mujeres: los máximos líderes políticos son, en su mayoría, hombres, y aunque en las empresas una mujer pueda acceder a puestos altos de jefatura, en su mayoría se estancan en jerarquías de secretaria o subordinadas, son muy pocas aquellas a las que se les concede llegar a puestos de altos cargos en comparación al porcentaje masculino que tiene estos puestos.

Contacto sin consentimiento

Es aquí cuando entramos en el peliagudo asunto que deja tan evidente el machismo de Japón: los hombres tocan a muchas mujeres sin ningún tipo de consentimiento. Aunque esto ocurre en muchísimas circunstancias, como en el trabajo o la calle, se suelen aprovechar de momentos en los que hay un gran número de personas para tocar el cuerpo de las chicas. Lo más conocido, sobre todo, es la situación que viven las mujeres en los trenes japoneses.

El abuso ha llegado a tal punto que en algunos lugares se ha reservado un vagón exclusivamente para mujeres. De esta manera, tiene un “espacio seguro” en el que no tener que preocuparse de que personas del sexo contrario vayan a manosearlas sin consentimiento. Esta decisión de los vagones separados genera algunas preguntas: ¿de verdad es más eficaz tener que crear este tipo de espacios, en lugar de educar a la población? ¿No sería más eficaz este tipo de concienciación, e imponer penas legales más duras, que en muchos casos terminan siendo absueltos?

Algo muy común en Japón es intentar no denunciar los abusos machistas o las agresiones, y más aún si esto está ocurriendo dentro de la familia. Debido al tipo de tradiciones y costumbres, lo más normal suele ser que estos casos no sean denunciados, ya que suele ser la última opción. Esto es una diferencia abismal con Europa, que es el Continente del mundo en el que más agresiones machistas se denuncian. (y, sin embargo, el lugar en el que menos agresiones existen, si se compara con el resto de continentes)

De hecho, según las leyes japonesas, si una mujer que va a ser o está siendo violada no se defiende (por haber entrado en shock, o por miedo a que la situación pueda terminar aún peor) puede suponer que los fiscales no puedan probar que haya sido cometida tal agresión.

En 2018, tras sacarse a la luz una serie de abusos y agresiones sexuales que habían estado siendo tapadas por haber sido cometidas por altos cargos del gobierno, comenzaron una oleada de manifestaciones para pedir penas más severas que las existentes en contra de violadores.

Las estadísticas (y los propios japoneses) aseguran que, aunque las situaciones machistas  están disminuyendo sobre todo en estas últimas décadas, el machismo es un problema que tardará en desaparecer debido a lo arraigado que está en la cultura nipona.

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