Cuando importa más el cómo que el qué

The Crown es sin duda uno de los productos más gigantes que tiene Netflix en su catálogo. Me atrevería a decir sin miedo alguno que compite de tú a tú contra los más grandes de la plataforma. Se trata de una serie británico-estadounidense creada y dirigida por Peter Morgan. Un producto que lleva poco más de 3 años en Netflix y sus cifras de audiencia no han hecho más que aumentar con el paso de las temporadas, la tercera y última producida hasta la fecha registra una subida del 40% respecto a su sucesora. Así lo avalan también las 4 nominaciones que ha recibido este mismo año para los Globos de Oro.

Estas cifras reflejan una clara apuesta de la empresa de la N Roja por este producto.  De hecho, The Crown copa la cima de las series más caras de la historia, con un montante de 130 millones de dólares. Y es que, precisamente, esta inversión está justificada por el magnífico trabajo que se hace para que nosotros como espectadores nos sumerjamos en la realeza británica.

Hasta ahora, solo hemos mencionado cifras entorno al producto pero, ¿en qué consiste The Crown?

Bien, buscando definiciones por el vasto internet la más genérica es que se trata de una seriepic (serie biográfica) sobre la Reina Isabel II del Reino Unido. Pero, me parece una definición muy escueta para lo que es The Crown. De hecho (y luego lo desarrollaremos), no es tarea sencilla contar con naturalidad la historia de una reina y hacerlo lo más realista posible, es por ello que el elenco a partir de la tercera temporada se renueva Claire Foy, deja de ser aquella joven reina de Inglaterra y pasa a reemplazarla una mujer curtida como Olivia Colman. Una decisión arriesgada sí, pero efectiva, ya que le da dinamismo y esa desapego inicial luego se vuelve en fidelidad hacia el producto.

Como siempre tratar un artículo así sin realizar spoilers para el lector es complicado, es por ello que te advierto que a partir de aquí alguno se me puede escapar. Pero, para intentar paliarlo lo máximo posible lo dividiré en temáticas que abarca la serie.

No es una serie sobre la reina Isabel II

The Crown. Más allá de la Corona

Más bien ella y la corona son el hilo conductor o la excusa para ir saltando de hecho transcendental en hecho transcendental y, contarnos as no solo la historia británica sino también, en alguno tramos, la mundial. El pistoletazo de salida a esta historia lo da el fallecimiento del padre y predecesor de la Reina, el Rey Jorge VI, y empieza The Crown.  A partir de ahí es cuando a través de las relaciones que debe mantener con diferentes personalidades, sobretodo del mundo de la política, cuando la serie gana cuerpo y fuelle y hace que se eleve a la categoría de gigante en Netflix. Pasamos por el mismísimo Winston Churchill a quien conocemos en la primera temporada, al príncipe Carlos, a la princesa Margarita, al ministro sucesor de Churchill, Anthony Eden, a John F. Kennedy, etc.

Otro de los aspectos importantes es que la banalidad y el aburrimiento no tienen cabida. Cada capítulo forma en sí mismo una pieza independiente que tiene el suficiente empaque como para ganar cada uno personalidad propia y es a su vez lo que genera que la serie no decaiga. Y esto, precisamente lo logra con cómo está elaborada la serie, porque este punto transciende a mi modo de ver más que la propia historia del producto.

El detenimiento y cariño como elemento principales

The Crown más allá de la Corona

No hay otros dos calificativos para determinar la calidad a nivel  de producción que tiene la serie de la corona. Cada plano, está estudiado al detalle, su composición, su movimiento, los elementos, la escenografía, la utilería, etc. El vestuario, no está elegido al tuntún. Cada vestido o traje están dispuestos de manera que sean idénticos a los que llevaban sus protagonistas en cada una de las citas que se nos revela en la serie. Y también la recreación al detalle de cada una de las escenas importantes es impresionante.

La dirección de cada capítulo va rotando entre Stephen Daldry, Philip Martin, Benjamin Caron, etc. Se nota la impronta de cada uno de ellos y lo que es marca de la casa. Es para que me entiendan casi una especie de juego, cada director con sus manías, virtudes y aspectos en los que menos brillan se hace notar y, es entretenido descubrir por según que plano, composición o movimiento de cámara su firma en el capítulo.

The Crown más allá de la Corona

Y, ya no solo es a nivel productivo, sino también en la preproducción. La gestión que hay detrás de cada capítulo es inmensa. Antes les compartía el dato de la cifra de media de gasto en cada capítulo y cuando ves la serie y ves la cifra les soy sincero, te la crees. Los palacios son una bestialidad, el nivel de mimo en la colocación de los elementos y similitud con la realidad es fascinante. Así como emular el Palacio de Buckingham, el Castillo de Windsor, el 10 de Downing Street o los Derby de Ascot o Epsom.

¿Por qué verla?

Entiendo en parte el rechazo de primeras que puede generar una serie de estas características. El tema la Corona británica con pinta de dramón y telenovela, y con la idea de que nos quieren vender por lo bajini la idea de que la realeza también tiene sus problemas. Y, no les voy a negar que en ocasiones el mensaje es ese, pero en algunos capítulos puntuales existen críticas muy buenas y precisas a la rigidez del sistema de la corona británica y es ahí cuando más brilla The Crown. No puedo más que recomendar esta serie y decirles que la miren sin prejuicio alguno y se quedaran absortos porque se trata de un producto que supera a cualquiera.

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