El mítico Conde sale de su ataúd para llenar de sangre la pequeña pantalla

El Conde Drácula, una historia quizás no conocida por todos pero sí un personaje conocido por todos. En un mundo en donde los vampiros han tomado una forma muy distinta a la que se nos muestra en esta producción, Netflix, con Mark Harris y  Steven Moffat (Sherlock) a la batuta, nos presenta su propia versión de la novela de Bram Stoker, la cual ha tenido una gran repercusión en el mundo «fílmico» levantando muchas sonrisas y lágrimas (y no de felicidad) entre sus espectadores.

Las producciones de Netflix


Un servidor debe admitir que no es gran fan de las producciones en la cuales aparece una «N» de color rojo presidiendo la portada, pero un servidor también debe admitir que no falla en el pago mensual del servicio que ofrece esta gran «N».

Un patrocinador que te marca el guión que debes seguir, siendo está o no la voluntad del equipo creativo de una producción audiovisual suele ser la tendencia que encontramos hoy en día en casi todos los programas y películas de la gran o pequeña pantalla. Y el Conde Drácula de Netflix no es una excepción.

Drácula desde Transilvania a Netflix

La miniserie está dividida en 3 capítulos a modo de: «presentación, nudo y desenlace», y podríamos recalcar que los dos primeros son una adaptación de la novela clásica que todo el mundo esperaba, y el tercero la parte experimental en la que se convierte al Conde en un personaje más del universo Netflix (como si fuera una liga de superhéroes). Este ha sido el que más polémica ha suscitado entre los espectadores, pues en él se nos muestra a un Drácula viviendo en la era moderna y teniendo que adaptarse al ritmo y costumbres del siglo XXI. Es por eso que realizaré este análisis dividiéndolo en dos partes: por un lado, los dos primeros capítulos, exponiendo mi opinión sobre cómo funcionan como adaptación y como producción audiovisual y por otro lado, el tercer capítulo y más experimental.

Fidelidad con la adaptación

A pesar de la fidelidad que los dos primeros capítulos ofrecen con respecto a la obra original, así como referencias a las películas clásicas de Drácula (como imitar planos o escenas), es obvio que está producción nos quiere reconstruir el mito vampírico para poder implementarlo en el mundo real y de esta manera que nos parezca más realista. Así pues, este Drácula (interpretado por Claes Bang) no se ve afectado por el ajo y es capaz de implantarse a sí mismo los conocimientos de la gente de la que se alimenta, como si de una especie de «Super Bu» se tratara.
Este Drácula también le teme a la cruz por un motivo que desconocemos, así como al Sol, y es ahí donde viene un detalle interesante de la serie, pues en la novela original de Bram Stocker, Drácula, es capaz de estar bajo el Sol sin que le pase nada, y eso es algo que han querido solucionar en el tercer capítulo de la serie.
Así pues, la Némesis de Drácula, Agatha Van Helsing, será la encargada de interrogar a Jonathan Harker durante el primer capítulo, quién le relatar toda la experiencia durante su estancia en el castillo del Conde, y el cual nos explica que Drácula nunca le retuvo en su Castillo pero que nunca fue capaz de encontrar la salida.

En este se nos muestran las afecciones anteriormente mencionadas que tiene Drácula, además de, por ejemplo, que detesta mirarse en los espejos pues en él ve reflejado su auténtico aspecto, o que es incapaz de entrar en un recinto sin ser invitado, cosas que Agatha ya sabía de antemano y que usa en su propio favor contra el Conde.

En el segundo capítulo (desde mi punto de vista, el mejor de los 3) se nos relata el viaje en barco que el famoso Conde realizó desde Transilvania hasta Inglaterra, en el cual se nos da a entender que los tripulantes que lo acompañan fueron elegidos por el propio Drácula, a modo de entrenamiento para poder racionar su hambre una vez llegara a Inglaterra, cosa que os adelantamos que no sale bien.

En este caso el papel de Agatha Van Helsing resulta crucial, pues es ella quien demuestra al resto de la tripulación que es Drácula quién está matando a las personas que están a bordo (tal y como nosotros podemos observar desde el principio).

Después de una treta articulada por la tripulación, estos queman y hunden el barco con la intención de acabar con Drácula, quién en vez de morir, se pone a descansar bajo el agua en uno de los ataúdes con tierra de Transilvania que el Conde guardaba en el barco.

Drácula desde Transilvania a Netflix

Durante estos dos capítulos podemos observar que el nivel de fidelización con la obra original es alto, así como que el buen gusto y cariño con el que los Directores han tratado la producción han convertido a estos dos capítulos en quizás de las mejores cosas que ha producido Netflix (le pese a quien le pese). 

Drácula tiene un aura seductora y peligrosa, algo así como en la obra original pero sin ser tan presuntuoso, lo que hace que al espectador le despierte un gran interés por la figura de este personaje. Así pues, la ambientación es un éxito rotundo, incluso llegando a incluir como castillo de Drácula a el mismo castillo que usó para el rodaje de la película de terror Nosferatu, también inspirada en la novela de Stocker.

El gran cambio

En el tercer capítulo, y tras un lapso de 123 años entre el segundo y este, Drácula despierta del fondo del mar y se vuelve a encontrar con Agatha Van Helsing, o mejor dicho, con la misma actriz que Agatha Van Helsing (esta vez a su bisnieta, Zoe Van Helsing).
El recurso de usar a un mismo actor/actriz para interpretar a dos personajes distintos dentro de una misma producción es un arma de doble filo, para empezar, el cambio debe estar bien implementado y justificado, y quizás este no sea el caso del Drácula de Netflix, puesto que aunque (Dolly Wells) interpreta a Agatha Van Helsing y a su bisnieta Zoe Van Helsing, no existe un cambio significativo entre un personaje y otro, lo que nos puede llevar a pensar que está interpretando literalmente a la misma persona.

Este capítulo está lleno de «buenas ideas» de como un personaje como el Conde Drácula podría adaptarse a la era moderna para saciar su sed de sangre sin ser tratado como un criminal. También ofrecen el contraste de como en los dos capítulos anteriores el Conde era una persona intocable y temida por todos, sin embargo, en la era moderna, Drácula, al ser conocido por todos, es un personaje famoso y por cierta parte de la población incluso admirado, así como a los cuerpos de autoridad (en este caso, Zoe Van Helsing) mostrando un mayor conocimiento sobre los puntos débiles del Conde y reteniéndolo contra su voluntad.
Y hasta aquí la parte buena, y te preguntarás, ¿Eso es todo? Pues básicamente si, pues este capítulo no tiene un problema de falta de ideas sino más bien un problema de ejecución de ellas.
Ver a Drácula enviando whatsapps no está mal, quizás este sería el método que el célebre vampiro usaría si viviera en los tiempos que corren, el problema viene cuando en prácticamente todas las producciones de Netflix los personajes envían whatsapps y nos muestran constantemente lo que los personajes escriben o reciben en sus móviles como si de un recurso narrativo más se tratara, y en efecto, lo es. Pero ese mismo recurso usado una vez más hace perder la sensación de originalidad y me hace llegar a pensar que quizás el Drácula de Netflix podría haber volado mucho más lejos de lo que lo ha hecho. A fin de cuentas, agregarle elementos modernos sin un criterio claro a una novela clásica no siempre lo hace más accesible para el público.
Por otra parte, y sin comentar mucho más del grueso de este capítulo, podríamos tildar el final de, como mínimo, pobre.
Zoe Van Helsing padece un cáncer que hace que Drácula no se pueda alimentar de ella debido a que su sangre se considera como «envenenada», y está decide beber un poco de la sangre de Drácula para poder ver los recuerdos de su bisabuela Agatha (en ningún momento nos dejan claro porque esto es posible), y al verlo, Zoe descubre la gran mayoría de puntos débiles de Drácula, o mejor dicho, lo que él piensa que son puntos débiles.
Zoe le hace ver qué es un cobarde , puesto que teme a la cruz por el hecho de haber absorbido tanta sangre de gente que teme a la iglesia que él también desarrolla una afección hacia el símbolo cristiano. También descubre que la exposición al sol no le afecta, pero dado a que él creía que está leyenda era cierta, había pasado toda su vida sin verlo.
Por esto y un par de cosas más, Drácula decide morder a Zoe y morir, sin más. Algo que a mí personalmente me saca del sitio teniendo en cuenta que el papel arrogante que el Conde había llevado a cabo hasta el momento no se corresponde con el sentimiento de culpa y vergüenza que siente al enterarse de todo, quizás lamentarse un poco, quizás cambiar, pero suicidarse…

Guión


En cuanto al apartado argumental y al guión, podríamos calificarlo como «aceptable». En los dos primeros capítulos es sutil y correcto, lleno de referencias a la obra original y con un preciso cuidado y respeto sobre la trama y el argumento. De hecho, en él podemos encontrar frases y detalles que, una vez más, nos hacen pensar en la gran producción que podría haber sido y en la producción «aceptable» en la que se ha quedado.



Imagen

No hay mucho que comentar al respecto de la imagen, durante todo el desarrollo tiene un estilo correcto pero sobretodo, contemporáneo. Tiene cortes de plano en un máximo de 3 segundos para así hacer que el espectador no se distraiga de lo que está viendo, otro arma de doble filo, pues esto ayuda a agilizar la escena pero a la vez impide que el argumento no se desarrolle como quizás debería en ciertas ocasiones (algo muy común hoy en día). A parte de algún plano referencia a otras películas de Drácula, y esa escena final en la que el Conde descubre que puede exponerse a la luz del sol y se proyectan sobre él sombras de las cruces de la ventana, no diría que la imagen sea algo más que «simple».

Interpretación

En cuanto a la interpretación, valoraremos la de los dos personajes principales, Claes Bang interpretando a Drácula y a Dolly Wells como Agatha/Zoe Van Helsing.

Claes Bang: Sin temor diré, que la interpretación de don Bang como el Conde Drácula es el plato fuerte de esta producción. El equipo de casting acertó de pleno eligiéndole, pues dejando de lado los altos y bajos que tiene la serie, si la volviera a ver algún día sería sin duda por él. En todo momento, gracias a sus gestos y su aura seductora nos da a entender que a quien estamos viendo en la pantalla es al auténtico Conde Drácula.

De hecho, viendo el gran papel que lleva a cabo, la serie me ha sabido a poco. Creo que hubiera sido interesante ver a Claes Bang interpretando a Drácula durante más tiempo, y ver cómo hubiera sido capaz de desarrollar un cambio en su personaje según fueran avanzando los capítulos, pues en solo 3 no ha dado tiempo a ver un cambio real entre el Drácula «malvado y antiguo» y el Drácula «arrepentido y moderno».
En definitiva, si vuelven a hacer alguna serie o película del Conde Drácula, por favor, llamen a este hombre.

Dolly Wells: La pobre Dolly  ha tenido que ser quien limpie los platos rotos de la serie, y aún y teniendo que interpretar a dos personajes distintos, creo que su actuación ha sido excelente. Desde el primer momento se nos presenta a Agatha como una persona escéptica (aún y siendo monja de clausura) así como interesada y conocedora en todo lo que tenga que ver con el Conde y el vampirismo en general, y su planteamiento como antítesis de Drácula funciona como un puzzle de 100 piezas, simple pero correcto.
La parte mala de su interpretación viene en el capítulo 3 cuando la actriz pasa de ser Agatha Van Helsing a ser Zoe Van Helsing, su bisnieta, y no tanto por su interpretación (que no es tan horrible) sino por el marco en el que se ha visto envuelta dentro de la serie. Tener que interpretar a dos personajes dentro de la misma producción, por muy emparentados genéticamente que estén, no es un trabajo fácil, y más aún cuando solo tienes 3 capítulos para desarrollar este cambio, cosa que ha hecho que Agatha y Zoe parezcan casi el mismo personaje. Pero como digo, no creo que haya sido tanto problema suyo como de la gente que ha decido que esto sea así.


Genialidad o fracaso


Si nos hacemos la pregunta de ¿El Drácula de Netflix es un éxito o un fracaso?, honestamente, creo que ninguna de las dos es la opción correcta. Es cierto que el tercer de la capítulo de la serie es más «de bajos que de altos», pero eso no quita que los dos primeros, y en general toda la serie, sean un producto general bastante bueno aunque sin llegar a ser una genialidad. De hecho, es cierto que «Drácula», de Bram Stocker es una obra que nunca ha gozado de una adaptación a la pantalla que podamos calificar como memorable (por mucho que digan los eruditos fílmicos).

Así que, si creías que eras un vampiro porque te pasas el día comiendo Cheetos y jugando a videojuegos sin ver la luz del sol, no tienes nada que temer. Si Drácula puede, tú también.

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