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El gusto de disfrutar de lo que de verdad importa

Cada día estamos un poco más cerca de alcanzar esa nueva normalidad de la que todo el mundo habla. Después de estar meses recluidos en casa con nuestros pensamientos, parece que la luz comienza a cubrir de nuevo el mundo que se había oscurecido. Lo que está claro es que nada será como antes, o al menos, no hasta dentro de un tiempo. Aunque esta situación nos ha afectado de forma desigual y hay quien incluso saldrá beneficiado de todo esto.

Quiero aprovechar la luz y el calor de esta llama para dirigir la atención a una de las experiencias más reconfortantes que he tenido en toda mi vida viendo anime. Y hablar un poco, aunque sea de refilón, de las cosas buenas que nos traerá esta nueva vida. Cosas como viajar van a cambiar de manera radical y ya se habla de un posible impulso del turismo local, beneficiando de rebote al mundo de la cultura rural.

Que mejor momento por tanto para hablar sobre la que se ha convertido en una de mis series favoritas de todos los tiempos. Y lo ha logrado haciendo valía de herramientas muy concretas que sirven para construir mensajes básicos pero muy necesarios en los tiempos que corren. Yuru Camp (Laid-Back Camp en occidente) me ha hecho reflexionar acerca de cientos de conceptos vitales que nunca están de más recordar. Todo ello acompañado de una enorme sonrisa y un sentimiento de calidez constante en el pecho.

Pero me va a ser muy difícil hablar de ella, para que ocultarlo más tiempo. Parece que cuando más básica y elemental es una obra, resulta paradójicamente más difícil explicar su grandeza. Por eso, cuando una serie como esta salta a la palestra, cuesta acertar con las palabras para destacar sus virtudes sin sonar escueto. Es como tratar de explicar porqué el pan con aceite es delicioso o porqué el Tetris es tan divertido a pesar de sus 30 años de historia. Por lo que aquí me serviré de un ejemplo que creo que muchos asiduos al mundo del videojuego van a entender a la primera.

Los que seáis seguidores de Animal Crossing seguro que estaréis disfrutando como nunca de ese pequeño retiro espiritual que os ha dado New Horizons. Pero a los que este título os es ajeno, estoy convencido de que estaréis un poco confusos y es perfectamente entendible. Resulta más o menos sencillo comprender porqué los juegos de acción o las series de intriga logran atrapar la atención del usuario con facilidad. Pero cuando nos enfrentamos a propuestas tan relajantes sin un objetivo concreto, parece que el punto se diluye y cuesta más llegar a una conclusión.

Lo curioso es que bastan solo una pocas horas dentro de este universo para darse cuenta de que su mayor baza reside en su reducción al máximo de los elementos. En el mimo tan absurdo que tiene cada detalle. Todo esto junto hace que te sientas arropado y querido en su mundo. Y que mejor forma de representar la reducción de los elementos que en un viaje de camping. Cuando uno decide irse de acampada, de pronto las prioridades cambian y nos muestra la verdadera cara del ser humano.

La magia de lo esencial

Comer y dormir. Estos son los dos pilares más básicos y primitivos que tenemos que cumplir a rajatabla para poder tener estabilidad. Esto se ve reflejado a la perfección en los elementos con los que trabaja Laid-Back Camp. Coloca todo su foco en las cosas más simples, trazando comedia y humor a su alrededor. Ahí es donde está el motivo de su cercanía. Trabaja con elementos básicos como resguardarse del frío, alumbrar la oscuridad o preparar algo delicioso con pocos recursos.

Y es que antes me resultaba tan difícil verle la gracia a esta clase de actividades al aire libre. Más allá de las vistas bonitas que puedas tener, a priori, todo son desventajas. Tienes que comenzar a buscar soluciones para un montón de cosas que estando en tu casa no son merecedoras siquiera del sustantivo “problemas”. Hasta que comprendes que lo gracia de estos viajes reside en el concepto mismo del ser humano. En volver un poco más cerca de esos orígenes donde tu único foco de preocupaciones eran la comida y el sueño.

En el fondo sabes que es un poco mentira, porque tienes tecnología de sobra al alcance como para no tener que sentir ese desprendimiento. Pero hacer ese pequeño ejercicio forzado de cocinar en recipientes más pequeños o tener que buscarte la forma de encontrar comodidad en un suelo irregular, de alguna forma, te devuelven parte de esa “humanidad” que no creías que se había perdido.

Por eso la serie se siente tan cercana a nosotros y resulta tan amena de ver. Nos da una pequeña ventana a la que asomarnos, mostrándonos un mundo sencillo donde todo lo que hay que hacer es cumplir con las necesidades básicas y disfrutar de la madre naturaleza que nunca nos abandonó. Hablando de la serie con un amigo, al terminar el primer capítulo, me dijo una frase que se me quedó grabada a fuego en la mente. Ya que describía a la perfección todo lo que he explicado con anterioridad: “Me ha recordado a la primera vez que jugué Animal Crossing”.

Es ese sentimiento de despreocupación absoluta lo que te mete de lleno en Laid-Back Camp. Donde el drama más grande que puedes vivir es haberte levantado tarde el domingo para comprarle nabos a Juana. Pero aquí estaría pecando de lo que comentaba unas líneas más arriba. Se que en apariencia parece uno de esos tantos anime de chicas monas haciendo cosas. Creedme, yo también lo pensé en su momento y cuan equivocado estaba. Quedarse con esa síntesis es pecar de brocha gorda como nunca antes lo había visto.

La melodía de la naturaleza

Como recalqué al principio del texto, este anime hace uso de mecanismos la mar de sencillos pero que sabe llevar con el ritmo de un buen director de orquesta. Aprovechando el símil, uno de los aspectos donde más se desmarcar de otros anime es su uso de la música y los sonidos. Con una rápida búsqueda en Youtube de su banda sonora podréis ver como es usada en cientos de recopilatorios relajantes para tener de fondo mientras se trabaja.

Ahora bien, quedarse con que Laid-Back Camp usa música suave porque pretende ser una serie relajante es ser muy simplista. La banda sonora juega un papel fundamental en los matices que intenta trasmitir, convirtiéndose en una compañera más de este fabuloso viaje por la naturaleza. Usa instrumentos que evocan a los campamentos, como la guitarra acústica, que además recuerda al característicos sonido del crepitar de un fuego. También recurre mucho a los sonidos de flauta, que evocan a los vientos de la alta montaña.

Es una colección de temas sensacional que nos hablan de sus diversas situaciones. Extraerlas de la serie hacen que se conviertan en temas preciosos para meditar y relajarse, desde luego. Pero dentro de su contexto, brillan como el sol que nos saluda por la mañana. Su música es curiosa cuando se encuentran en sitios nuevos, es contemplativa cuando nos maravilla con sus países y usa recursos extraños como sonidos propios de los juguetes para perros cuando quiere remarcar lo cómico de la situación.

Incluso su uso de la comedia resulta de lo más particular y diferenciador dentro de su género. A pesar de utilizar recursos más que conocidos en el mundo del manga-anime sabe diferenciarse utilizando herramientas muy sutiles que resultan la mar de agradables. Puede que incluso el espectador no sepa apreciarlas, pero ahí está la gracia, que permean la situación sin resultar evidentes o incluso intencionados, como si siempre hubiera sido así.

Por continuar usando símiles del mundo del videojuego, Tetris tiene una pequeña pero curiosa mecánica que hacen su jugabilidad un puntito más interesante. Cuando una pieza cae sobre otra existe un tiempo ínfimo, casi imposible de medir pero que está ahí, donde puedes continuar moviendo la pieza. Si dejas de moverla durante ese sutil instante se quedará fija, pero si continuas con presteza podrá hacer jugadas maestras que te harán sentir un maestro de la gestión. Si saco esto a la mesa es porque Laid-Back Camp hace exactamente lo mismo pero en su terreno.

La serie alarga las situaciones más de lo que en un principio parece necesario para conseguir un impacto radicalmente distinto. Parece que es tarea fácil, pero nada más lejos de la realidad. Cuando tratas de hacer humor, la gestión del tiempo y el ritmo son vitales. Tu alarga un chiste más de la cuenta y verás como se desmorona todo el castillo de naipes en segundos. Pero esta serie usa esos sutiles segundos extra para crear una construcción perfecta con una base muy sencilla.

Alarga las situaciones metiendo silencios y pausas, haciendo que todo se quede en suspensión durante unos instantes que parecen eternos. Es entonces cuando cae la broma. Igual de mundana y absurda que las que podrían surgir en tu entorno de amigos. Pero como se han construido con mimo, tienen un impacto distinto. Además, utiliza mucho el humor inglés basado en la repetición de las acciones o en situaciones que parece que van por A y terminan en B, reforzando todavía más ese aspecto de cercanía.

Aquí me gustaría hacer un breve pero importante inciso de un aspecto que usa a modo de comedia pero educativo al mismo tiempo. Al ser una serie que giro en torno al camping, está plagada de consejos reales que hacen incluso las veces de tutorial de buenas prácticas para crear campistas responsables y comprometidos con el medio ambiente. Además de aportar trucos reales para que nuestra experiencia en la alta montaña sea más agradable. Lo divertido es que esto se nos presenta, tanto al espectador como a los propios personajes, como algo orgánico. Ambos aprendemos estas cosas a la vez, haciendo que se sienta todo mucho más personal. Como si tu también fueras parte de ese pequeño grupo de campistas. Además, se atreve a cruzar la cuarta pared de vez en cuando, siendo un toque perfecto para esta receta bien cocinada.

La importancia del silencio

Este sencillo pero poderoso recurso de alargar las cosas y manejar los silencios no solo lo hace para dar una chispa de alegría a sus situaciones cómicas. De hecho, donde más se nota esto es en sus momentos más mundanos, donde lleva al espectador a momentos de introspección. Laid-Back Camp quiere que te fijes en sus pequeños detalles. Ver como montan una tienda de campaña es hipnótico. No solo por la música, si no por como se recrean en cada movimiento. No es que lo alarguen durante horas, pero realiza la cantidad de cortes justos como para enfatizar toda la acción.

Y eso es una declaración de intenciones en toda regla. Es un suave puñetazo en la mesa con el que pretende explicarte que aquí las cosas se hacen así. “No somos más que una serie de chicas que se van de acampada, por eso queremos que disfrutes de las pequeñas cosas que ello implica”. Es por eso por lo que aquí el camping es el foco de las acciones y no una excusa para llevar los personajes y sus acciones por otros caminos.

Claro que hay momentos fuera de la naturaleza y los sacos de dormir. Pero incluso ahí siguen usando los mismos recursos para reflejar lo maravilloso que son los aspectos más mundanos de la vida. Este anime nos habla de lo maravilloso que es compartir un rico dulce en compañía de tus amigos. O disfrutar de unos baratos fideos instantáneos en plena montaña. Lo que importa es la actitud con la que lleves las cosas. De eso tienes que rodearte, de gente que tenga la intención de disfrutar de las cosas. Porque llenarán tu vida con su luz y alegría, haciendo que todo sea un poquito más fácil.

Uno de los recursos que más utiliza, de forma muy inteligente además, es el uso constante del teléfono móvil para comunicarse y hacer comedia con ello. Me gusta mucho que se aleje de esa falsa idealización de que «la vida natural sin tecnología es mejor» si no que hace una simbiosis perfecta entre ambos conceptos. Además, no solo captura la comicidad de hablar en grupos de amigos, si no que lo utiliza para regalarnos unos momentos de ternura que se quedan grabados a fuego.

Laid-Back Camp es una serie de las que miras con una sonrisa durante los veinte minutos de cada capítulo. Coloca su foco en las pequeñas cosas, haciendo que se te reblandezca el corazón con sus afables situaciones. Podría ver una y otra vez como montan sus tiendas de campaña para disfrutar de un agradable día al aire libre. Este anime ha conseguido que no deje de mirar en Decathlon todo tipo de artículos para lanzarme yo también a explorar por la montaña y sentirme un poco más humano.

Conclusión

Si habéis llegado hasta aquí quizá os sorprenda por lo que poco que he hablado de su trama, personajes o aspectos similares que suelen encontrarse en este tipo de textos. Pero es que no pienso soltar ni un solo detalle de su trama. Al enfocarse en las pequeñas cosas, cualquier detalle en falso haría que parte de su magia se perdiera. Por eso me he enfocado en hablaros de las sensaciones que trasmite. De su maestría a la hora de convertir lo mundano en algo interesante.

Pero no sería honesto cerrar con este escrito sin mencionar su excelso apartado artístico, que no hace sino reforzar aún más su compromiso de ser una serie sobre la contemplación de lo terrenal. Su capacidad para dibujar paisajes hermosos está a otro nivel, recreando con precisión casi milimétrica los entornos reales en los que se basa. Como vive de los momentos sencillos, elementos como la comida tienen un cuidado especial, haciendo que nos ruja el estómago en más de una ocasión al ver sus detallados platos.

Desde luego que es una anime con el que te puedes quedar nadando en la superficie y pasarlo la mar de bien. Te atrapa desde su primer capítulo en un inocente mundo lleno de naturaleza donde lo más importante es disfrutar de un delicioso plato en compañía de gente a la que quieres. Pero lo bonito de Laid-Back Camp está buceando en su océano lleno de detalles y matices que te reconfortan y te hacen reflexionar sobre el fantástico mundo en el que vivimos, a pesar de toda la oscuridad que se cierne sobre nosotros.

Esta serie es un canto a la vida. Un oasis en medio del abrasador desierto. Es un retorno a cuando las cosas eran más sencillas. Donde el ciclo de comer y dormir adquiere una importancia capital que nunca ha dejado de estar ahí. Me resulta fascinante como una propuesta como esta ha conseguido trasmitirme una paz interior tan enorme con tan solo 12 capítulos. Es por eso por lo que nunca la olvidaré. Es por eso por lo que se desmarca de ser una de tantas series de chicas monas haciendo cosas. Siempre recordaré Laid-Back Camp como el primer anime que me hizo apreciar la belleza natural de un amanecer, la satisfacción de una buena comida o la inestimable compañía de la persona a la que amas.

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